A menudo recibo diversas
notificaciones relacionadas a la ecología de varios estados del país y algo
que llamó mi atención fue que en una entidad del Occidente reportaba
lastimosamente un incendio forestal que costó mucho trabajo controlar. Por desgracia
tuve que hacer caso omiso a los boletines porque por ahora no puedo publicar
nada en el sitio en el que me dejan colaborar, (no puedo indicar cuál es,
seguramente ustedes entenderán), pero al realizar mi revisión matutina de
noticias, encontré algo que me estremeció: un puma fue asesinado al tratar de
escapar de un incendio… y no me refiero a lo ocurrido el pasado miércoles en
Ciudad Universitaria.
Fue imposible evitar la lectura
de tan catastrófica noticia y recordé con molestia la historia de aquel osezno
torturado en Zaragoza, Coahuila, ¿cómo olvidar los desplantes de varios
tuiteros contra las autoridades por ese hecho? Y es más, ¿qué reacción tendrían
los numerosos amantes de los animales que pululan en el ciberespacio y que
celebraban hasta la algarabía cómo varios perros fueron rescatados de una
explosión en Ecatepec, Estado de México, hace no muchos días?
Estos elementos, aunado a mi
diarrea nasal, me llevaron a meditar algo que ya había preguntado anteriormente:
¿por qué nos preocupamos más por los animales que por las personas en sí? No
ahondaré en las respuestas que obtuve cuando se las formulé a un par de
colegas, sólo expresaré que no quedé convencido al no tener una justificación.
He oído decir a la gente que algunas
personas son mal agradecidas y que no vale la pena ayudar a otros, por ello es
que puede prevalecer ese apoyo incondicional hacia la salvación de los animales;
algunos más indican que entre más se le da al prójimo, más quiere… nada más
ejemplar y característico del ser humano egocentrista, con una onda new age y que está sembrado en un
paradigma de la desesperanza.
Esto no significa que, en el
sentido moral, sea malo tener una
predilección por ayudar a los animales y no a los humanos, pues al final es una
decisión ontológica formada por la historia y la experiencia en el mundo del
sujeto que ayuda. Pero en términos integrales y globales, no deberíamos
inclinar la balanza hacia los de nuestra misma especie o hacia los no humanos, sino crear condiciones donde no haya afectaciones hacia los no humanos y para nuestros semejantes.
(Si sonó medio religioso me disculpo).
Si sopesamos en una balanza a los
no humanos con el Homo Digitalis, podríamos apreciar mejor
nuestros actos y abandonar ese homocentrismo que nos caracteriza, que,
contrariamente, deriva en una división, ya sea de nacionalidad, raza, lengua,
status económico… en fin, toda la herencia de la separación de las cosas a fin
de alejarnos de nosotros mismos, al grado de ayudar más a los no humanos que a nuestros congéneres, cuando
deberíamos tener una equidad en todos los sentidos como especie.
Al final, ¿el incendio que causó
la huida del puma no fue ocasionado por un humano, aunque haya sido por omisión?
¿No fue un humano quien disparó el arma que mató al puma? ¿No fue un puñado de
hombres quienes se divirtieron mientras fregaban a un oso en Coahuila? ¿No fue
un accidente provocado por un humano lo que quemó tantos perros en el Estado de
México? Y, ¿no estarían mejor los no
humanos si no existiera el ser humano? ¿Será ese ímpetu de ayudar a los no humanos originado porque se saben
causantes de sus desgracias?
Hay dos caminos para ayudar a los
no humanos: Extinguir a la raza
humana (que al paso que vamos es probable que eso pase), o evolucionar hacia
una humanidad más consciente con su entorno y, posteriormente, tratar a los no humanos como nuestros semejantes.
Particularmente me inclino más
por la primera opción, pues con la segunda corremos el riesgo de corromper a
nuestros hermanos no humanos, al
grado de que las palabras del profeta Orwell se vuelvan realidad y así los
cerdos se vuelvan humanos. Al final algunas palabras de la Rebelión en la granja sí se volvieron realidad. ¿No me cree? Mire
al Gobernador del Banco de México y dígame que miento.
Hay más cosas sobre esta
reflexión, pero no a todos les gustan los textos largos y no quiero aburrirles.