viernes, 10 de mayo de 2013

El bucle de la inconsciencia

A menudo recibo diversas notificaciones relacionadas a la ecología de varios estados del país y algo que llamó mi atención fue que en una entidad del Occidente reportaba lastimosamente un incendio forestal que costó mucho trabajo controlar. Por desgracia tuve que hacer caso omiso a los boletines porque por ahora no puedo publicar nada en el sitio en el que me dejan colaborar, (no puedo indicar cuál es, seguramente ustedes entenderán), pero al realizar mi revisión matutina de noticias, encontré algo que me estremeció: un puma fue asesinado al tratar de escapar de un incendio… y no me refiero a lo ocurrido el pasado miércoles en Ciudad Universitaria.

Fue imposible evitar la lectura de tan catastrófica noticia y recordé con molestia la historia de aquel osezno torturado en Zaragoza, Coahuila, ¿cómo olvidar los desplantes de varios tuiteros contra las autoridades por ese hecho? Y es más, ¿qué reacción tendrían los numerosos amantes de los animales que pululan en el ciberespacio y que celebraban hasta la algarabía cómo varios perros fueron rescatados de una explosión en Ecatepec, Estado de México, hace no muchos días?

Estos elementos, aunado a mi diarrea nasal, me llevaron a meditar algo que ya había preguntado anteriormente: ¿por qué nos preocupamos más por los animales que por las personas en sí? No ahondaré en las respuestas que obtuve cuando se las formulé a un par de colegas, sólo expresaré que no quedé convencido al no tener una justificación.

He oído decir a la gente que algunas personas son mal agradecidas y que no vale la pena ayudar a otros, por ello es que puede prevalecer ese apoyo incondicional hacia la salvación de los animales; algunos más indican que entre más se le da al prójimo, más quiere… nada más ejemplar y característico del ser humano egocentrista, con una onda new age y que está sembrado en un paradigma de la desesperanza.

Esto no significa que, en el sentido moral, sea malo tener una predilección por ayudar a los animales y no a los humanos, pues al final es una decisión ontológica formada por la historia y la experiencia en el mundo del sujeto que ayuda. Pero en términos integrales y globales, no deberíamos inclinar la balanza hacia los de nuestra misma especie o hacia los no humanos, sino crear condiciones donde no haya afectaciones hacia los no humanos y para nuestros semejantes. (Si sonó medio religioso me disculpo).

Si sopesamos en una balanza a los no humanos con el Homo Digitalis, podríamos apreciar mejor nuestros actos y abandonar ese homocentrismo que nos caracteriza, que, contrariamente, deriva en una división, ya sea de nacionalidad, raza, lengua, status económico… en fin, toda la herencia de la separación de las cosas a fin de alejarnos de nosotros mismos, al grado de ayudar más a los no humanos que a nuestros congéneres, cuando deberíamos tener una equidad en todos los sentidos como especie.

Al final, ¿el incendio que causó la huida del puma no fue ocasionado por un humano, aunque haya sido por omisión? ¿No fue un humano quien disparó el arma que mató al puma? ¿No fue un puñado de hombres quienes se divirtieron mientras fregaban a un oso en Coahuila? ¿No fue un accidente provocado por un humano lo que quemó tantos perros en el Estado de México? Y, ¿no estarían mejor los no humanos si no existiera el ser humano? ¿Será ese ímpetu de ayudar a los no humanos originado porque se saben causantes de sus desgracias?

Hay dos caminos para ayudar a los no humanos: Extinguir a la raza humana (que al paso que vamos es probable que eso pase), o evolucionar hacia una humanidad más consciente con su entorno y, posteriormente, tratar a los no humanos como nuestros semejantes.

Particularmente me inclino más por la primera opción, pues con la segunda corremos el riesgo de corromper a nuestros hermanos no humanos, al grado de que las palabras del profeta Orwell se vuelvan realidad y así los cerdos se vuelvan humanos. Al final algunas palabras de la Rebelión en la granja sí se volvieron realidad. ¿No me cree? Mire al Gobernador del Banco de México y dígame que miento.

Hay más cosas sobre esta reflexión, pero no a todos les gustan los textos largos y no quiero aburrirles.


De regreso.

Finalmente después de varios años de tener mi blog olvidado, por fin recordé la contraseña y he regresado de nuevo con más textos y opiniones sin valor. Algunos de ustedes, queridos lectores, saben quien soy y conocen mi seudónimo literario. Les pido discreción por favor, no tanto por cobardía o por seguridad, simplemente pido respeto a mi esquizofrenia virtual... a esa escisión hipotética de mi yo (así o más referentes de la generación Y), que anhela ser un bávaro, (y también un bárbaro).

A los nuevos lectores: Todo lo que antecede a esta publicación fue resultado de pésimas experiencias con tres mujeres a las que quise y que nunca me hicieron caso. Por ello encontrarán aspectos cursis y patéticos que distan mucho de la calidad literaria a la cual aspiro.

A TÍTULO DE DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS. 

1.- Toda mentada de madre es bienvenida.
2.- Escribo porque quiero y lo fundamentaré hasta donde mi ignorancia me lo permita.
3.- No siempre contestaré a las respuestas de los textos, ya que casi nadie comenta.
4.- Podemos estar o no de acuerdo en un tema, el diálogo es un ejercicio indispensable en estos tiempos. 5.- Sea bienvenido y le invito a construir juntos, los cimientos son la idea, que pasan por la unión y culminan con la acción comunitaria ajena a protagonismos.
6.- No hallará calidad en lo que aquí leerá. Soy un novato en el arte de la escritura.

No olvide seguirme en Twitter: @NeueMagister.

En breve tendrán noticias de mí, pues por lo menos una vez a la semana alimentaré esta página.

Karl Heinz Friedrich Wilhem von Reichenbach.