... y tras la muerte de Sergio, se desarrollaron varios acontecimientos extraños: las abejas africanas que decidieron hacer su colmena en el pino que estaba en la patio; a pesar de la altura inaudita, la colmena se encontraba muy cerca de la habitación donde se encontraba el rudimentario taller de serigrafia. Ello era muy peligroso debido al constante paso humano que tenían que hacer los autómatas de la gran X hacia la bodega donde estaban las cajas, tanto choferes como representantes, también lo era para los trabajadores que allí laboraban, para las niñas que sin saberlo se exponían a las letales picaduras de los insectos, y para Doña Carmen, a quien la vida no le importaba nada después de la pérdida, primero de Alfredo, su hijo, y luego de su esposo. ¿Qué mayor dolor que ese?
Las cosas se movían de su sitio sin un motivo, las apariciones fantasmagóricas que Laura y Mercedes decían ver sobre su padre, las sombras de un señor con un sombrero de ala ancha que siempre se dirigía a una parte específica de la cocina, y que desaparecía a pesar de ser seguida por todas las personas que allí vivían. Rafael y Sergio segundo hacían caso omiso a los comentarios, pensando que era un desvario causado por el fallecimiento de Sergio.
Ante las extrañas evidencias de los acontecimientos inexplicables, decidieron ir con un esotérico para explicarles las circunstancias. De inmediato se presentó al domicilio, y con sólo estar allí, les dio las instrucciones de guardar ua biblia en el armario de Carmen, que rezaran 10 rosarios en nombre del difunto, y que a las tres horas las niñas harían algo que darían las respuestas al clarividente.
Y ocurrió que al final de la jornada laboral, los trabajadores del taller, y los habitantes de la casa decidieron realizar el rezo de los rosarios. Se hizo café y se compró pan blanco. Parecía que de nuevo se celebraba un funeral en casa de los Martínez.
Al final de la petición del clarividente, los trabajadores se fueron a sus casas, y las niñas se quedaron jugando en la sala mientras los habitantes de allí se ayudaron para la limpieza de la habitación que usaron para orar. Todo transcurrió en santa paz.
Ya en la noche, que todos estaban en la cocina mirando el televisor, se acordaron de las profecias hechas por el esotérico y fueron a donde estaban las niñas. Al entrar, Carmen y Laura vieron como había muchas pedazos de papel esparcidos por el suelo de la habitación, se trataba de la biblia que había sido despedazada por las tres.
Mercedes llamó al clarividente para informarle lo ocurrido, y este les explicó que lo que pasaba era que había un portal abierto hacia otra dimensión, alguien de los habitantes había hecho algunos conjuros y maleficios que abrieron ese portal, pero que no pudo cerrar del todo. El clarividente comentó que este portal ya tenía mucho tiempo abierto, y que incluso dio el nombre de quien lo hizo: Maximino. Ante la revelación, todos se quedaron pasmados, pues era el nombre del padre de Sergio.
Las órdenes fueron que se movieran las cosas del lugar, específicamente del taller de serigrafía. Tras un acuerdo con su madre, Sergio segundo decidió reubicarlo cerca del pino. El taller fue destruido para reconstruir la habitación de Carmen. Los trabajadores y familiares decidieron quitar ladrillo por ladrillo, con el fin de economizar en materiales.
El sábado acordado, desde las siete de la mañana, todos estaban allí derrumbando los muros: primero se quitaron las láminas de asbesto, se retiraron puertas y ventanas, y entre todos derrumbaron los ladrillos.
Doña Carmen decidió ayudar a los trabajadores a quitar los ladrillos, así que después de terminar las grandes cazuelas de comida con arroz y mole rojo, se dirigió con un mazo a martillar el muro que daba hacia el almacen de las cajas. A poco menos de haber empezado, se encontró con uno ladrillo hueco, el cual se rompió al primer golpe; todos se quedaron estupefactos ante el su exclamación: "carajo". En el interior se encontraba un paliacate rojo, que tenía tres nudos. Nadie supo el contenido que allí había, Carmen tomó una botellita de gasolina y le prendió fuego. El paliacate se consumió con todo lo que contenía, se redujo a cenizas; no obstante, las cosas extraordinarias seguirían ocurriendo para los Martínez
Que relato !!! me gusta leerte , y como siempre digo no se por cual decidirme. quiero la continuacion, esta interesante;
ResponderEliminarPara cuando,,,,, quiero saber mas
Sweet