jueves, 15 de enero de 2009

Sin título

Hace horas que la oscuridad de la noche ha invadido la ciudad, y me encuentro solo ante la catedral, testigo mudo de todos los acontecimientos de la nación, de todas las historias calladas por el ruido del anonimato. Allí sólo ella y yo; y en mi mente divaga el recuerdo de tu mirada, el susurro de tus palabras y la presencia de tu cuerpo al lado del mío.

Es muy tarde ya, y en mis pasos sueño con los momentos que me regalaste en la tarde. No puedo esperar para verte de nuevo… tal vez me atreva a decirte que te amo, tomarte por la cintura, besarte de improviso y sentir tu respiración agitada por la sorpresa en mi rostro. Miro el reloj. No pasará ni un minuto para que las campanas de la catedral repiquen veinticuatro veces, armonizando tu canto que llevo en mi mente, veinticuatro por cada una de las letras que conforman tus nombres y apellidos.

Primera campanada.
(La inicial de tu letra.)

Segunda campanada.
(Tu voz que evoca mi nombre.)

Tercera campanada.
(Tu sonrisa que me ciega.)

Cuarta campanada.
(El abrazo aquél.)

Quinta campanada.
(La fotografía que me espera en el escritorio.)

Sexta campanada.
(Tu rostro frente al mío en el desayuno.)

Séptima campanada.
(El aroma de tu joven piel, impregnada en mi saco.)

Octava campanada.
(Tu canto y mi poesía.)

Novena campanada.
(Tu cara de enfado cuando hago algo que no te gusta.)

Décima campanada.
(No estoy solo… oigo pasos detrás.)

Décima primera campanada
(No voltearé, no dejaré de recordarte.)

Décima segunda campanada.
(Alguien me toma del hombro y me gira.)

Décima tercera campanada.
(Diviso un rostro oscuro por la sombra del sauce que impide el paso de la luz del faro.)

Décima cuarta campanada.
(Siento un golpe en el estómago.)

Décima quinta campanada.
(¿Qué es esto? ¡Sangre!)

Décima sexta campanada.
(Veo la daga que se incrusta en mi cuerpo tres veces más.)

Décima séptima campanada.
(Caigo al suelo y escupo sangre.)

Décima octava campanada.
(Otras dos hendiduras más.)

Décima novena campanada.
(Escucho una voz, pero no le entiendo.)

Vigésima campanada.
(El ladrón me quita el reloj y la billetera.)

Vigésima primera campanada.
(Escucho como huye a toda prisa.)

Vigésima segunda campanada.
(Tendido en el piso, sólo miro las estrellas, absorto.)

Vigésima tercera campanada.
(En mi delirio las estrellas se mueven para formar tu rostro.)

Vigésima cuarta campanada.
(¿Por qué no te dije “te amo”?)

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