lunes, 26 de enero de 2009

Sueño primero

Estoy sentado en algún lugar de mi antigua casa, sólo espero verte en este día tan extraño y poco común debido a tu acto de visitarme, claro, de mala gana aceptaste. Es la hora ya, y salgo a sentarme en la acera

Veo cómo te acercas lentamente hacía el zaguán blanco, sé que no me reconoces y veo en tu mirada el enfado; casi como si estuvieras perdiendo tu tiempo, fastidiada y predispuesta a nada, ¿pero cómo aceptaste?

Me levanto y pido que me acompañes, y con un ademán y un gesto de repulsión, aceptas. Entro de nuevo para sacar un par de bicicletas, “espero que sepas”, sin embargo la idea no te agradó, así que tuvimos que ir a pie.

Doblamos en la esquina, caminamos hasta la siguiente y volvemos a doblar a la derecha, cruzamos la avenida y nos detenemos en la esquina, frente a una tienda de pinturas. En el trayecto no dijiste nada, sólo tu cara de enfado, tu mirada de hartazgo y tus labios sellados.

Por extraño que parezca, hay una bicicleta que está recargada en uno de los postes de cemento que sirven como alumbrado por las noches, la tomo y comienzo a usarla, tú sólo me das la espalda y empiezas a caminar de regreso, aunque no sé si vas a mi antigua casa o te marchas simplemente. Bajas de la banqueta, y sin dudarlo, te alcanzo en medio de la avenida.

Tu mirada es rígida, y se enfoca hacia un punto, una pared, quizá. Yo sigo pedaleando, pero lo hago en torno tuyo, imitando el movimiento de traslación. Todo transcurre de forma lenta, sigo girando y comienzo a cantar una canción, que a pesar de sentir pena por no saber cantar, sé que llegaré al final de la letra… tu mirada sigue inmóvil y yo acaricio todo tu ser con la mía.

Empiezo por los pies, sigo girando. Subo a las piernas, sigo avanzando, sigues inmóvil. Miro el perfil de tu cadera, y por detrás llego a tu espalda, por la siniestra llego al perfil de tu cuello, niña inmóvil, ya llegaré a tu rostro.

En el preciso instante veo tu rostro; ya no miras el infinito, tus ojos has cerrado… hay un esbozo de sonrisa en tus labios, sigo girando y no dejo de mirar tu pelo y tu rostro en mis revoluciones que hago en torno a ti. Mi cantar nunca se detuvo tampoco, y en cada giro, veo como envejeces, pero no pierdes tu belleza. Sé que he envejecido también, pero ello no importa.

Mi canción termina y me detengo para terminar al frente tuyo; abres los ojos y es tu mismo rostro de enfado que en un futuro tendrás. Desciendo de la bicicleta para darte un abrazo, te tomo de la mano, y sobre la misma avenida, nos vamos en dirección hacia ninguna parte.

4 comentarios:

  1. Al leer me transporte a una pareja de ancianos , que ven cerrando los ojos que el tiempo no pasa y siguen sientiendo , ese amor , que no se pierde pese a los anios, y los dos terminan juntos ....
    Que romantico , espero que yo tambien podre encontrar asi mi pareja para terminar los dos juntos en direccion hacia ninguna parte ....



    Tu amiga sonadora del amor SWEET

    ResponderEliminar
  2. Creo que es momento de que dejes a un lado los relatos cortos para que puedas arrojar todo eso que llamamos "sentimiento", para que exorcises eso que ya fue... tal vez un cuento, una novela.

    ResponderEliminar
  3. No es mala la idea de buscar una amplitud en mis relatos, lo cual sería un ejercicio lúdico que requiero.

    Sin embargo no puedo dedicarle tanto tiempo una novela debido a mi tesis, pero yo sé que habrá un momento para lograrlo.

    Gracias por tu visita

    ResponderEliminar
  4. ME GUSTA ESTE , RELATO ENCUENTRO QUE DA MUCHAS COSAS PARA INTERPRETAR .

    SWEET ( LA QUE .... ) BUENO NO IMPORTA
    SUERTE

    ResponderEliminar