Puerta eterna, testigo y actor
de la historia más increíble del mundo.
Tres años de pintar el lienzo.
Mano agotada del pintor
que no terminó su obra.
Mujer esférica, ¡claudico!
Arritmia carmesí en la paleta
colorea la partida
en el mural de la vida,
iluminado tan sólo
por la menguante esperanza.
sábado, 14 de febrero de 2009
martes, 3 de febrero de 2009
Fragmento del capítulo once de "Biografía anónima"
... y tras la muerte de Sergio, se desarrollaron varios acontecimientos extraños: las abejas africanas que decidieron hacer su colmena en el pino que estaba en la patio; a pesar de la altura inaudita, la colmena se encontraba muy cerca de la habitación donde se encontraba el rudimentario taller de serigrafia. Ello era muy peligroso debido al constante paso humano que tenían que hacer los autómatas de la gran X hacia la bodega donde estaban las cajas, tanto choferes como representantes, también lo era para los trabajadores que allí laboraban, para las niñas que sin saberlo se exponían a las letales picaduras de los insectos, y para Doña Carmen, a quien la vida no le importaba nada después de la pérdida, primero de Alfredo, su hijo, y luego de su esposo. ¿Qué mayor dolor que ese?
Las cosas se movían de su sitio sin un motivo, las apariciones fantasmagóricas que Laura y Mercedes decían ver sobre su padre, las sombras de un señor con un sombrero de ala ancha que siempre se dirigía a una parte específica de la cocina, y que desaparecía a pesar de ser seguida por todas las personas que allí vivían. Rafael y Sergio segundo hacían caso omiso a los comentarios, pensando que era un desvario causado por el fallecimiento de Sergio.
Ante las extrañas evidencias de los acontecimientos inexplicables, decidieron ir con un esotérico para explicarles las circunstancias. De inmediato se presentó al domicilio, y con sólo estar allí, les dio las instrucciones de guardar ua biblia en el armario de Carmen, que rezaran 10 rosarios en nombre del difunto, y que a las tres horas las niñas harían algo que darían las respuestas al clarividente.
Y ocurrió que al final de la jornada laboral, los trabajadores del taller, y los habitantes de la casa decidieron realizar el rezo de los rosarios. Se hizo café y se compró pan blanco. Parecía que de nuevo se celebraba un funeral en casa de los Martínez.
Al final de la petición del clarividente, los trabajadores se fueron a sus casas, y las niñas se quedaron jugando en la sala mientras los habitantes de allí se ayudaron para la limpieza de la habitación que usaron para orar. Todo transcurrió en santa paz.
Ya en la noche, que todos estaban en la cocina mirando el televisor, se acordaron de las profecias hechas por el esotérico y fueron a donde estaban las niñas. Al entrar, Carmen y Laura vieron como había muchas pedazos de papel esparcidos por el suelo de la habitación, se trataba de la biblia que había sido despedazada por las tres.
Mercedes llamó al clarividente para informarle lo ocurrido, y este les explicó que lo que pasaba era que había un portal abierto hacia otra dimensión, alguien de los habitantes había hecho algunos conjuros y maleficios que abrieron ese portal, pero que no pudo cerrar del todo. El clarividente comentó que este portal ya tenía mucho tiempo abierto, y que incluso dio el nombre de quien lo hizo: Maximino. Ante la revelación, todos se quedaron pasmados, pues era el nombre del padre de Sergio.
Las órdenes fueron que se movieran las cosas del lugar, específicamente del taller de serigrafía. Tras un acuerdo con su madre, Sergio segundo decidió reubicarlo cerca del pino. El taller fue destruido para reconstruir la habitación de Carmen. Los trabajadores y familiares decidieron quitar ladrillo por ladrillo, con el fin de economizar en materiales.
El sábado acordado, desde las siete de la mañana, todos estaban allí derrumbando los muros: primero se quitaron las láminas de asbesto, se retiraron puertas y ventanas, y entre todos derrumbaron los ladrillos.
Doña Carmen decidió ayudar a los trabajadores a quitar los ladrillos, así que después de terminar las grandes cazuelas de comida con arroz y mole rojo, se dirigió con un mazo a martillar el muro que daba hacia el almacen de las cajas. A poco menos de haber empezado, se encontró con uno ladrillo hueco, el cual se rompió al primer golpe; todos se quedaron estupefactos ante el su exclamación: "carajo". En el interior se encontraba un paliacate rojo, que tenía tres nudos. Nadie supo el contenido que allí había, Carmen tomó una botellita de gasolina y le prendió fuego. El paliacate se consumió con todo lo que contenía, se redujo a cenizas; no obstante, las cosas extraordinarias seguirían ocurriendo para los Martínez
Las cosas se movían de su sitio sin un motivo, las apariciones fantasmagóricas que Laura y Mercedes decían ver sobre su padre, las sombras de un señor con un sombrero de ala ancha que siempre se dirigía a una parte específica de la cocina, y que desaparecía a pesar de ser seguida por todas las personas que allí vivían. Rafael y Sergio segundo hacían caso omiso a los comentarios, pensando que era un desvario causado por el fallecimiento de Sergio.
Ante las extrañas evidencias de los acontecimientos inexplicables, decidieron ir con un esotérico para explicarles las circunstancias. De inmediato se presentó al domicilio, y con sólo estar allí, les dio las instrucciones de guardar ua biblia en el armario de Carmen, que rezaran 10 rosarios en nombre del difunto, y que a las tres horas las niñas harían algo que darían las respuestas al clarividente.
Y ocurrió que al final de la jornada laboral, los trabajadores del taller, y los habitantes de la casa decidieron realizar el rezo de los rosarios. Se hizo café y se compró pan blanco. Parecía que de nuevo se celebraba un funeral en casa de los Martínez.
Al final de la petición del clarividente, los trabajadores se fueron a sus casas, y las niñas se quedaron jugando en la sala mientras los habitantes de allí se ayudaron para la limpieza de la habitación que usaron para orar. Todo transcurrió en santa paz.
Ya en la noche, que todos estaban en la cocina mirando el televisor, se acordaron de las profecias hechas por el esotérico y fueron a donde estaban las niñas. Al entrar, Carmen y Laura vieron como había muchas pedazos de papel esparcidos por el suelo de la habitación, se trataba de la biblia que había sido despedazada por las tres.
Mercedes llamó al clarividente para informarle lo ocurrido, y este les explicó que lo que pasaba era que había un portal abierto hacia otra dimensión, alguien de los habitantes había hecho algunos conjuros y maleficios que abrieron ese portal, pero que no pudo cerrar del todo. El clarividente comentó que este portal ya tenía mucho tiempo abierto, y que incluso dio el nombre de quien lo hizo: Maximino. Ante la revelación, todos se quedaron pasmados, pues era el nombre del padre de Sergio.
Las órdenes fueron que se movieran las cosas del lugar, específicamente del taller de serigrafía. Tras un acuerdo con su madre, Sergio segundo decidió reubicarlo cerca del pino. El taller fue destruido para reconstruir la habitación de Carmen. Los trabajadores y familiares decidieron quitar ladrillo por ladrillo, con el fin de economizar en materiales.
El sábado acordado, desde las siete de la mañana, todos estaban allí derrumbando los muros: primero se quitaron las láminas de asbesto, se retiraron puertas y ventanas, y entre todos derrumbaron los ladrillos.
Doña Carmen decidió ayudar a los trabajadores a quitar los ladrillos, así que después de terminar las grandes cazuelas de comida con arroz y mole rojo, se dirigió con un mazo a martillar el muro que daba hacia el almacen de las cajas. A poco menos de haber empezado, se encontró con uno ladrillo hueco, el cual se rompió al primer golpe; todos se quedaron estupefactos ante el su exclamación: "carajo". En el interior se encontraba un paliacate rojo, que tenía tres nudos. Nadie supo el contenido que allí había, Carmen tomó una botellita de gasolina y le prendió fuego. El paliacate se consumió con todo lo que contenía, se redujo a cenizas; no obstante, las cosas extraordinarias seguirían ocurriendo para los Martínez
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lunes, 26 de enero de 2009
Sueño primero
Estoy sentado en algún lugar de mi antigua casa, sólo espero verte en este día tan extraño y poco común debido a tu acto de visitarme, claro, de mala gana aceptaste. Es la hora ya, y salgo a sentarme en la acera
Veo cómo te acercas lentamente hacía el zaguán blanco, sé que no me reconoces y veo en tu mirada el enfado; casi como si estuvieras perdiendo tu tiempo, fastidiada y predispuesta a nada, ¿pero cómo aceptaste?
Me levanto y pido que me acompañes, y con un ademán y un gesto de repulsión, aceptas. Entro de nuevo para sacar un par de bicicletas, “espero que sepas”, sin embargo la idea no te agradó, así que tuvimos que ir a pie.
Doblamos en la esquina, caminamos hasta la siguiente y volvemos a doblar a la derecha, cruzamos la avenida y nos detenemos en la esquina, frente a una tienda de pinturas. En el trayecto no dijiste nada, sólo tu cara de enfado, tu mirada de hartazgo y tus labios sellados.
Por extraño que parezca, hay una bicicleta que está recargada en uno de los postes de cemento que sirven como alumbrado por las noches, la tomo y comienzo a usarla, tú sólo me das la espalda y empiezas a caminar de regreso, aunque no sé si vas a mi antigua casa o te marchas simplemente. Bajas de la banqueta, y sin dudarlo, te alcanzo en medio de la avenida.
Tu mirada es rígida, y se enfoca hacia un punto, una pared, quizá. Yo sigo pedaleando, pero lo hago en torno tuyo, imitando el movimiento de traslación. Todo transcurre de forma lenta, sigo girando y comienzo a cantar una canción, que a pesar de sentir pena por no saber cantar, sé que llegaré al final de la letra… tu mirada sigue inmóvil y yo acaricio todo tu ser con la mía.
Empiezo por los pies, sigo girando. Subo a las piernas, sigo avanzando, sigues inmóvil. Miro el perfil de tu cadera, y por detrás llego a tu espalda, por la siniestra llego al perfil de tu cuello, niña inmóvil, ya llegaré a tu rostro.
En el preciso instante veo tu rostro; ya no miras el infinito, tus ojos has cerrado… hay un esbozo de sonrisa en tus labios, sigo girando y no dejo de mirar tu pelo y tu rostro en mis revoluciones que hago en torno a ti. Mi cantar nunca se detuvo tampoco, y en cada giro, veo como envejeces, pero no pierdes tu belleza. Sé que he envejecido también, pero ello no importa.
Mi canción termina y me detengo para terminar al frente tuyo; abres los ojos y es tu mismo rostro de enfado que en un futuro tendrás. Desciendo de la bicicleta para darte un abrazo, te tomo de la mano, y sobre la misma avenida, nos vamos en dirección hacia ninguna parte.
Veo cómo te acercas lentamente hacía el zaguán blanco, sé que no me reconoces y veo en tu mirada el enfado; casi como si estuvieras perdiendo tu tiempo, fastidiada y predispuesta a nada, ¿pero cómo aceptaste?
Me levanto y pido que me acompañes, y con un ademán y un gesto de repulsión, aceptas. Entro de nuevo para sacar un par de bicicletas, “espero que sepas”, sin embargo la idea no te agradó, así que tuvimos que ir a pie.
Doblamos en la esquina, caminamos hasta la siguiente y volvemos a doblar a la derecha, cruzamos la avenida y nos detenemos en la esquina, frente a una tienda de pinturas. En el trayecto no dijiste nada, sólo tu cara de enfado, tu mirada de hartazgo y tus labios sellados.
Por extraño que parezca, hay una bicicleta que está recargada en uno de los postes de cemento que sirven como alumbrado por las noches, la tomo y comienzo a usarla, tú sólo me das la espalda y empiezas a caminar de regreso, aunque no sé si vas a mi antigua casa o te marchas simplemente. Bajas de la banqueta, y sin dudarlo, te alcanzo en medio de la avenida.
Tu mirada es rígida, y se enfoca hacia un punto, una pared, quizá. Yo sigo pedaleando, pero lo hago en torno tuyo, imitando el movimiento de traslación. Todo transcurre de forma lenta, sigo girando y comienzo a cantar una canción, que a pesar de sentir pena por no saber cantar, sé que llegaré al final de la letra… tu mirada sigue inmóvil y yo acaricio todo tu ser con la mía.
Empiezo por los pies, sigo girando. Subo a las piernas, sigo avanzando, sigues inmóvil. Miro el perfil de tu cadera, y por detrás llego a tu espalda, por la siniestra llego al perfil de tu cuello, niña inmóvil, ya llegaré a tu rostro.
En el preciso instante veo tu rostro; ya no miras el infinito, tus ojos has cerrado… hay un esbozo de sonrisa en tus labios, sigo girando y no dejo de mirar tu pelo y tu rostro en mis revoluciones que hago en torno a ti. Mi cantar nunca se detuvo tampoco, y en cada giro, veo como envejeces, pero no pierdes tu belleza. Sé que he envejecido también, pero ello no importa.
Mi canción termina y me detengo para terminar al frente tuyo; abres los ojos y es tu mismo rostro de enfado que en un futuro tendrás. Desciendo de la bicicleta para darte un abrazo, te tomo de la mano, y sobre la misma avenida, nos vamos en dirección hacia ninguna parte.
sábado, 17 de enero de 2009
Digte og sange
Holder du af mig,
holder jeg af dig
alle mine levedage;
sommeren var kort,
græsset blegner bort,
kommer med vor leg tilbage.
Hvad du sa' ifjor,
husker jeg iår,
sidder som en fugl i karmen, -
kakker på og slår,
synger lidt og spår
lykke under solevarmen.
Litli-litli-lu,
hører du mig nu,
gutten bagved bjørkehejen?
ordene vil gå,
mørket falder på,
kanske du kan vise vejen.
Sjo - i, sjo - i, hys,
sang jeg om et kys? -
nej, det gjorde jeg vist ikke.
Hørte du det, du?
kom det ej ihu, -
jeg vil lade afbud skikke.
O, godnat, godnat!
drømmen har mig fat,
den om dine milde øjne
og de tause ord,
som af krogen fór, -
o, de vare så forfløjne!
Nu jeg lukker til;
er der mer, du vil?
tonerne tilbage trille,
lokker mig og ler,
vilde du mig mer?
aftnen er så varm og stille.
holder jeg af dig
alle mine levedage;
sommeren var kort,
græsset blegner bort,
kommer med vor leg tilbage.
Hvad du sa' ifjor,
husker jeg iår,
sidder som en fugl i karmen, -
kakker på og slår,
synger lidt og spår
lykke under solevarmen.
Litli-litli-lu,
hører du mig nu,
gutten bagved bjørkehejen?
ordene vil gå,
mørket falder på,
kanske du kan vise vejen.
Sjo - i, sjo - i, hys,
sang jeg om et kys? -
nej, det gjorde jeg vist ikke.
Hørte du det, du?
kom det ej ihu, -
jeg vil lade afbud skikke.
O, godnat, godnat!
drømmen har mig fat,
den om dine milde øjne
og de tause ord,
som af krogen fór, -
o, de vare så forfløjne!
Nu jeg lukker til;
er der mer, du vil?
tonerne tilbage trille,
lokker mig og ler,
vilde du mig mer?
aftnen er så varm og stille.
jueves, 15 de enero de 2009
Año nuevo (Carta de renuncia)
Cada mañana miro por el balcón la salida del sol, allá donde es tu horizonte, tu casa y tu vida; es el Levante quien con sus corrientes cálidas, trae a mi ser el suave rocío de tu aliento.
El astro rey ilumina mi mirada de fría plata, y tu figura la dilata. Noticias aguardo desde lo alto para saber de tu presencia en la tierra, ese camino bifurcado por el eterno instante que me ha regalado la vida.
Metáfora matutina encarnada en mujer, eres todo desde todas las ópticas posibles, flor, lluvia, arco iris, noche, Luz, paz, guerra, risa, llanto, vampiresa, asesina… la conjunción de un segundo multiplicado por la humanidad, eterna, perenne. Trescientos sesenta grados elevados a la tricentésima sexagésima potencia.
Corto lapso ha transcurrido en realidad, sin embargo mi mente divaga en tu ser. Muero cada mañana, y la visión efímera pre póstuma es mi vida contigo: recuerdos duros y tristes, opacados por la felicidad de nuestra frágil y naciente amistad que a veces languidece y otras resurge.
¡Vale la pena morir ésta y todas las albas! Mi ocaso trae a mí las fuerzas para estar otro amanecer allí, de pie en el balcón; admirando tu ingenio solar, tu sonrisa venusina tus labios de ágata, tu aroma a rosas y tu simple figura.
Letras, metáforas e ingenio menguan, mas la solemne e ingenua esperanza me hacen estar allí cada mañana a sabiendas de que no habrá nada nuevo bajo el sol
El astro rey ilumina mi mirada de fría plata, y tu figura la dilata. Noticias aguardo desde lo alto para saber de tu presencia en la tierra, ese camino bifurcado por el eterno instante que me ha regalado la vida.
Metáfora matutina encarnada en mujer, eres todo desde todas las ópticas posibles, flor, lluvia, arco iris, noche, Luz, paz, guerra, risa, llanto, vampiresa, asesina… la conjunción de un segundo multiplicado por la humanidad, eterna, perenne. Trescientos sesenta grados elevados a la tricentésima sexagésima potencia.
Corto lapso ha transcurrido en realidad, sin embargo mi mente divaga en tu ser. Muero cada mañana, y la visión efímera pre póstuma es mi vida contigo: recuerdos duros y tristes, opacados por la felicidad de nuestra frágil y naciente amistad que a veces languidece y otras resurge.
¡Vale la pena morir ésta y todas las albas! Mi ocaso trae a mí las fuerzas para estar otro amanecer allí, de pie en el balcón; admirando tu ingenio solar, tu sonrisa venusina tus labios de ágata, tu aroma a rosas y tu simple figura.
Letras, metáforas e ingenio menguan, mas la solemne e ingenua esperanza me hacen estar allí cada mañana a sabiendas de que no habrá nada nuevo bajo el sol
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Alfonsina,
enero 1 2009,
Escrito
Sin título
Hace horas que la oscuridad de la noche ha invadido la ciudad, y me encuentro solo ante la catedral, testigo mudo de todos los acontecimientos de la nación, de todas las historias calladas por el ruido del anonimato. Allí sólo ella y yo; y en mi mente divaga el recuerdo de tu mirada, el susurro de tus palabras y la presencia de tu cuerpo al lado del mío.
Es muy tarde ya, y en mis pasos sueño con los momentos que me regalaste en la tarde. No puedo esperar para verte de nuevo… tal vez me atreva a decirte que te amo, tomarte por la cintura, besarte de improviso y sentir tu respiración agitada por la sorpresa en mi rostro. Miro el reloj. No pasará ni un minuto para que las campanas de la catedral repiquen veinticuatro veces, armonizando tu canto que llevo en mi mente, veinticuatro por cada una de las letras que conforman tus nombres y apellidos.
Primera campanada.
(La inicial de tu letra.)
Segunda campanada.
(Tu voz que evoca mi nombre.)
Tercera campanada.
(Tu sonrisa que me ciega.)
Cuarta campanada.
(El abrazo aquél.)
Quinta campanada.
(La fotografía que me espera en el escritorio.)
Sexta campanada.
(Tu rostro frente al mío en el desayuno.)
Séptima campanada.
(El aroma de tu joven piel, impregnada en mi saco.)
Octava campanada.
(Tu canto y mi poesía.)
Novena campanada.
(Tu cara de enfado cuando hago algo que no te gusta.)
Décima campanada.
(No estoy solo… oigo pasos detrás.)
Décima primera campanada
(No voltearé, no dejaré de recordarte.)
Décima segunda campanada.
(Alguien me toma del hombro y me gira.)
Décima tercera campanada.
(Diviso un rostro oscuro por la sombra del sauce que impide el paso de la luz del faro.)
Décima cuarta campanada.
(Siento un golpe en el estómago.)
Décima quinta campanada.
(¿Qué es esto? ¡Sangre!)
Décima sexta campanada.
(Veo la daga que se incrusta en mi cuerpo tres veces más.)
Décima séptima campanada.
(Caigo al suelo y escupo sangre.)
Décima octava campanada.
(Otras dos hendiduras más.)
Décima novena campanada.
(Escucho una voz, pero no le entiendo.)
Vigésima campanada.
(El ladrón me quita el reloj y la billetera.)
Vigésima primera campanada.
(Escucho como huye a toda prisa.)
Vigésima segunda campanada.
(Tendido en el piso, sólo miro las estrellas, absorto.)
Vigésima tercera campanada.
(En mi delirio las estrellas se mueven para formar tu rostro.)
Vigésima cuarta campanada.
(¿Por qué no te dije “te amo”?)
Es muy tarde ya, y en mis pasos sueño con los momentos que me regalaste en la tarde. No puedo esperar para verte de nuevo… tal vez me atreva a decirte que te amo, tomarte por la cintura, besarte de improviso y sentir tu respiración agitada por la sorpresa en mi rostro. Miro el reloj. No pasará ni un minuto para que las campanas de la catedral repiquen veinticuatro veces, armonizando tu canto que llevo en mi mente, veinticuatro por cada una de las letras que conforman tus nombres y apellidos.
Primera campanada.
(La inicial de tu letra.)
Segunda campanada.
(Tu voz que evoca mi nombre.)
Tercera campanada.
(Tu sonrisa que me ciega.)
Cuarta campanada.
(El abrazo aquél.)
Quinta campanada.
(La fotografía que me espera en el escritorio.)
Sexta campanada.
(Tu rostro frente al mío en el desayuno.)
Séptima campanada.
(El aroma de tu joven piel, impregnada en mi saco.)
Octava campanada.
(Tu canto y mi poesía.)
Novena campanada.
(Tu cara de enfado cuando hago algo que no te gusta.)
Décima campanada.
(No estoy solo… oigo pasos detrás.)
Décima primera campanada
(No voltearé, no dejaré de recordarte.)
Décima segunda campanada.
(Alguien me toma del hombro y me gira.)
Décima tercera campanada.
(Diviso un rostro oscuro por la sombra del sauce que impide el paso de la luz del faro.)
Décima cuarta campanada.
(Siento un golpe en el estómago.)
Décima quinta campanada.
(¿Qué es esto? ¡Sangre!)
Décima sexta campanada.
(Veo la daga que se incrusta en mi cuerpo tres veces más.)
Décima séptima campanada.
(Caigo al suelo y escupo sangre.)
Décima octava campanada.
(Otras dos hendiduras más.)
Décima novena campanada.
(Escucho una voz, pero no le entiendo.)
Vigésima campanada.
(El ladrón me quita el reloj y la billetera.)
Vigésima primera campanada.
(Escucho como huye a toda prisa.)
Vigésima segunda campanada.
(Tendido en el piso, sólo miro las estrellas, absorto.)
Vigésima tercera campanada.
(En mi delirio las estrellas se mueven para formar tu rostro.)
Vigésima cuarta campanada.
(¿Por qué no te dije “te amo”?)
Etiquetas:
Cuento,
diciembre 18 2007
Boceto

He recorrido galaxias enteras buscando un lugar para vivir y de esta forma sentir todo lo que el multiverso me ofrezca, pues en su infinita sabiduría me proporcionará defectos y virtudes que ayudarán a interpretar lo que de él reciba. Estoy ansioso por sentir.
Transito mundos y los veo para hacer de uno de ellos mi morada, ahora estoy por llegar a un punto en el multiverso el cual parace ser propicio para mí. Voy a millones de kilómetros por segundo mirando paisajes de todas las formas y colores posibles, husmeo por los rincones de ellos para apreciar los más íntimos detalles de su conformación. Cuando piso las superficies, tomo las formas y colores que pertenecen al mundo y así adecuarme a sus circunstanciales y particulares atmósferas. He sido verde, rojo, morado, bajo, alto, con uno, dos, tres y cinco ojos, he sido líquido, gas y sólido, con seis brazos y cuatro pies... variante como el multiverso mismo y sus tesoros encerrados en su interminable frontera; omnipotente maravilla capaz de mirarse a sí misma desde todos los ángulos posibles y en todas sus dimensiones que arman la perfecta maquinaria de la vida.
Un planeta más en mi camino, un punto azul extraviado en los confines... bajo a mirarlo y lo encuentro vacío. Es un lugar bello; bajo para descansar mi mirada y mi condición de energía en él; la forma que obtengo es de un ser blanco con dos ojos, dos manos, dos piernas, y un cuerpo que no había tenido en ningún otro planeta. Me encuentro en un lugar verde, el suelo es muy variable y camino por él, estoy en un alto lugar que da hacia un mar, el contraste me hace sentir un tanto melancólico pues no hay nadie, miro para atrás y veo como los pastizales son acariciados por la brisa del viento; allende el mar hay muchos árboles, nubes verdes en medio de un cielo rojo que acompaña al ocaso de su sol, haciendo de ese instante una postal en mi recuerdo, Debo descender, y me dirijo a buscar a alguien en este planeta, llego a otro cuerpo de agua que es menos que un mar; es un buen momento para ver mi reflejo. Mi rostro es hermoso, los ojos que tengo son del color azul que resaltan con la blancura de mi piel, tan blanca como la nieve que hay en los polos de este planeta... pero hay algo raro en mi mirada pues en el reflejo de mis ojos en el agua se refleja mi rostro, extraño sentimiento. El planeta sigue vacío.
La noche cae, y envuelve a todo el horizonte, arriba puedo admirar la belleza del multiverso. El cielo de este planeta tiene sólo un satélite; nueva sensación inédita que me sorprende al improviso después de mirarla estupefacto por no sé cuánto tiempo, acompañada de otras cuerpos celestes. Seguí recorriendo el planeta hasta que me sorprendió el alba. Estaba en otro lugar bastante extraño, era arenoso y estaba completamente vacío, era un oceano amarillo, sólo eso y el cielo azul que con el caminar del tiempo planetario hacía que la temperatura ascendiera de forma estrepitosa. No pude aguantar más, me convertí en energía y salí de allí.
Me encontré de nuevo en otro lugar, al contrario del anterior, este tenía mucha vegetación, su cielo era gris y de él emanaba agua. Tomé mi forma de ser para sentir todo el ambiente que allí había. La tierra se estremeció repentinamente, y comenzó a salir un líquido rojo del centro del planeta; el contraste de colores percibidos me hacía sentir emocionado, las plantas verdes, el cielo gris, el rojo del magma, el olor de la tierra húmeda me conmovieron tras ver ese espectáculo, solo yo. ¡Qué irónica resultaba la contradicción. Estaba rodeado de vida y me sentía solo! La complejidad de los climas del planeta me hablaban, yo, con debida atención, les escuchaba y respondía pero no había con quien recorrer este mosaico tan complejo de planeta.
Me dirigí a uno de los extremos del planeta, y miré el suelo blanco y frío, sólo que ello no me resultó tan molesto como ese oceano amarillo. El cielo de este lugar era totalmente oscuro, pero a diferencia de la noche o la lluvia, despedía en ciertos momentos luces de colores combinados e indefinidos; poco a poco me convencí de que este era el sitio perfecto para vivir, pero no tenía caso si no había con quien compartirlo. Para despedirme de este planeta y seguir en mi búsqueda fui al primer lugar de mi contacto, parado sobre el risco que daba al mar, grité mi gratitud al planeta por existir, y al multiverso por permitirlo, me convertí en energía y seguí en mi búsqueda, pues tanta belleza tenía que ser compartida con alguien más.
Navegué por todo el multiverso y mi convicción de vivir radicaba en ese planeta azul, Sin más me regresé hacia él, pero encontré que ya estaba habitado y tendría que esperar para estar en casa. La espera valía la pena y mientras llegaba me fui al límite del multiverso, y mirar al otro multiverso colindante, allí estuve mirando la frontera preguntándome porqué no podré ir para allá. La voz del multiverso me indicó el momento para ir a casa: le llamaban tierra.
Uha luz me ciega, estoy haciendo unos ruidos extraños... tengo miedo porque no sé qué pasa. Escucho voces pero no entiendo lo que dicen. Mi miedo se disipa al encontrar cobijo en unos brazos que me toman; alcanzo a ver su rostro y parece que ambos esperamos una reacción, el ser sonrie y me siento seguro al ver ese gesto, pero esa seguridad fue pasajera.
El tiempo hace sus estragos, soy más grande, puedo hacer cosas que antes no hacía y puedo ya comunicarme con otros seres. No tengo idea de cuántos somos y de porqué tengo que ir a algo llamado escuela, sólo sé que allí van más personas que estan en cierto rango de mi edad, y somos muy raros porque lloramos, jugamos y no recordamos los males pasados. Los adultos son iguales, jamás entendí porque mi padre gritaba y mi madre lloraba. Tiempo después mi padre desapareció, y tampoco lo entendí.
La razón y la conciencia maduran al pasar de los años; en el tiempo que llevo aquí he vivido muchas emociones, me gustan los placeres pero no siempre puedo llevarlos a cabo. Me siento inquieto porque el mundo que vi no es en el que estoy. Su ubicación en el multiverso en expansión indica que este era el lugar, pero nada es como lo recuerdo. Ya no hay cielo azul, el verde en el suelo es cada vez menos, es gris y muy duro, veo y noto los conflictos que hay para comunicarnos, hablamos muchos idiomas, pero ni hablando el mismo se llega a un entendimiento, a un punto común... admiro la capacidad del humano para crear, y me aterra su capacidad de destrucción. ¿Qué pasó?
Todos creamos un ambiente, nos miramos pero no nos sentimos, decimos ser concientes pero ignoramos la conciencia que el planeta tiene de nosotros. Me da gusto estar vivo, ser, sentir y ser sentido; sin embargo no estoy seguro sobre la decisión que tomé de venir a este lugar en este momento.
Mis actos en el planeta me llevaron a un momento y a un espacio particular. Allí vi a uno de los seres más bellos que la humanidad podía tener; me sentí atraído por tí... fue muy difícil lograr una relación que permitiese una convivencia mínima contigo pues a veces las historias de nuestras vidas nos hacen reaccionar de ciertas formas ante ciertas circunstancias que se nos presentan. Pasó mucho tiempo y las cosas mejoraron, tanto tiempo esperando ver tu mirada, esos ojos cafés que me recordaron a esa primer tierra que miré, y en el reflejo de tus ojos me encontré con el agua que reflejó mi primer forma humana. En ti miré a toda la humanidad, esa perfección que no había encontrado, ese equilibrio de defectos y virtudes... le diste la perfección al género humano, ¿o es acaso la perfección y belleza del multiverso hecha ser humano?
Cada vez que estoy a tu lado sueño con pasear mi mirada por tu rostro a millones de kilómetros por segundo, por tu cabello, por tus ojos, por besar tus labios perdiendo la noción de tiempo, espacio, masa y gravedad con ese simple acto, tocar tus manos y tomarte de la cintura para estar más cerca, al punto de fundirnos y ser uno. Mas creo que todo esto pertenece a la dimensión onírica del multiverso, pues el amor implica el riesgo del adios, prefiero matarlo y buscar la posibilidad de estar juntos, en cuerpo y energía por siempre, hasta que este ajedréz cósmico se comprima perdiendo una a una sus finitas casillas. Y mientras eso llega, bailar en la danza estelar solos tú y yo. Unirnos en el abrazo de infinitas gravedades para así detener el tiempo.
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COMENTARIO
Tal vez muchos piensen que este texto es una cosa rara y cursi, sin embargo ha resultado de la reflexión de lo que ha pasado para que yo esté aquí. Comprendo bien que hay material para hacer algo más extenso y estoy en ello porque siento que podría enriquecer más la descripción de los ambientes que aquí narro, e incluso ser más específico en otras cosas. Disculpen si lo último suena cursi.
Transito mundos y los veo para hacer de uno de ellos mi morada, ahora estoy por llegar a un punto en el multiverso el cual parace ser propicio para mí. Voy a millones de kilómetros por segundo mirando paisajes de todas las formas y colores posibles, husmeo por los rincones de ellos para apreciar los más íntimos detalles de su conformación. Cuando piso las superficies, tomo las formas y colores que pertenecen al mundo y así adecuarme a sus circunstanciales y particulares atmósferas. He sido verde, rojo, morado, bajo, alto, con uno, dos, tres y cinco ojos, he sido líquido, gas y sólido, con seis brazos y cuatro pies... variante como el multiverso mismo y sus tesoros encerrados en su interminable frontera; omnipotente maravilla capaz de mirarse a sí misma desde todos los ángulos posibles y en todas sus dimensiones que arman la perfecta maquinaria de la vida.
Un planeta más en mi camino, un punto azul extraviado en los confines... bajo a mirarlo y lo encuentro vacío. Es un lugar bello; bajo para descansar mi mirada y mi condición de energía en él; la forma que obtengo es de un ser blanco con dos ojos, dos manos, dos piernas, y un cuerpo que no había tenido en ningún otro planeta. Me encuentro en un lugar verde, el suelo es muy variable y camino por él, estoy en un alto lugar que da hacia un mar, el contraste me hace sentir un tanto melancólico pues no hay nadie, miro para atrás y veo como los pastizales son acariciados por la brisa del viento; allende el mar hay muchos árboles, nubes verdes en medio de un cielo rojo que acompaña al ocaso de su sol, haciendo de ese instante una postal en mi recuerdo, Debo descender, y me dirijo a buscar a alguien en este planeta, llego a otro cuerpo de agua que es menos que un mar; es un buen momento para ver mi reflejo. Mi rostro es hermoso, los ojos que tengo son del color azul que resaltan con la blancura de mi piel, tan blanca como la nieve que hay en los polos de este planeta... pero hay algo raro en mi mirada pues en el reflejo de mis ojos en el agua se refleja mi rostro, extraño sentimiento. El planeta sigue vacío.
La noche cae, y envuelve a todo el horizonte, arriba puedo admirar la belleza del multiverso. El cielo de este planeta tiene sólo un satélite; nueva sensación inédita que me sorprende al improviso después de mirarla estupefacto por no sé cuánto tiempo, acompañada de otras cuerpos celestes. Seguí recorriendo el planeta hasta que me sorprendió el alba. Estaba en otro lugar bastante extraño, era arenoso y estaba completamente vacío, era un oceano amarillo, sólo eso y el cielo azul que con el caminar del tiempo planetario hacía que la temperatura ascendiera de forma estrepitosa. No pude aguantar más, me convertí en energía y salí de allí.
Me encontré de nuevo en otro lugar, al contrario del anterior, este tenía mucha vegetación, su cielo era gris y de él emanaba agua. Tomé mi forma de ser para sentir todo el ambiente que allí había. La tierra se estremeció repentinamente, y comenzó a salir un líquido rojo del centro del planeta; el contraste de colores percibidos me hacía sentir emocionado, las plantas verdes, el cielo gris, el rojo del magma, el olor de la tierra húmeda me conmovieron tras ver ese espectáculo, solo yo. ¡Qué irónica resultaba la contradicción. Estaba rodeado de vida y me sentía solo! La complejidad de los climas del planeta me hablaban, yo, con debida atención, les escuchaba y respondía pero no había con quien recorrer este mosaico tan complejo de planeta.
Me dirigí a uno de los extremos del planeta, y miré el suelo blanco y frío, sólo que ello no me resultó tan molesto como ese oceano amarillo. El cielo de este lugar era totalmente oscuro, pero a diferencia de la noche o la lluvia, despedía en ciertos momentos luces de colores combinados e indefinidos; poco a poco me convencí de que este era el sitio perfecto para vivir, pero no tenía caso si no había con quien compartirlo. Para despedirme de este planeta y seguir en mi búsqueda fui al primer lugar de mi contacto, parado sobre el risco que daba al mar, grité mi gratitud al planeta por existir, y al multiverso por permitirlo, me convertí en energía y seguí en mi búsqueda, pues tanta belleza tenía que ser compartida con alguien más.
Navegué por todo el multiverso y mi convicción de vivir radicaba en ese planeta azul, Sin más me regresé hacia él, pero encontré que ya estaba habitado y tendría que esperar para estar en casa. La espera valía la pena y mientras llegaba me fui al límite del multiverso, y mirar al otro multiverso colindante, allí estuve mirando la frontera preguntándome porqué no podré ir para allá. La voz del multiverso me indicó el momento para ir a casa: le llamaban tierra.
Uha luz me ciega, estoy haciendo unos ruidos extraños... tengo miedo porque no sé qué pasa. Escucho voces pero no entiendo lo que dicen. Mi miedo se disipa al encontrar cobijo en unos brazos que me toman; alcanzo a ver su rostro y parece que ambos esperamos una reacción, el ser sonrie y me siento seguro al ver ese gesto, pero esa seguridad fue pasajera.
El tiempo hace sus estragos, soy más grande, puedo hacer cosas que antes no hacía y puedo ya comunicarme con otros seres. No tengo idea de cuántos somos y de porqué tengo que ir a algo llamado escuela, sólo sé que allí van más personas que estan en cierto rango de mi edad, y somos muy raros porque lloramos, jugamos y no recordamos los males pasados. Los adultos son iguales, jamás entendí porque mi padre gritaba y mi madre lloraba. Tiempo después mi padre desapareció, y tampoco lo entendí.
La razón y la conciencia maduran al pasar de los años; en el tiempo que llevo aquí he vivido muchas emociones, me gustan los placeres pero no siempre puedo llevarlos a cabo. Me siento inquieto porque el mundo que vi no es en el que estoy. Su ubicación en el multiverso en expansión indica que este era el lugar, pero nada es como lo recuerdo. Ya no hay cielo azul, el verde en el suelo es cada vez menos, es gris y muy duro, veo y noto los conflictos que hay para comunicarnos, hablamos muchos idiomas, pero ni hablando el mismo se llega a un entendimiento, a un punto común... admiro la capacidad del humano para crear, y me aterra su capacidad de destrucción. ¿Qué pasó?
Todos creamos un ambiente, nos miramos pero no nos sentimos, decimos ser concientes pero ignoramos la conciencia que el planeta tiene de nosotros. Me da gusto estar vivo, ser, sentir y ser sentido; sin embargo no estoy seguro sobre la decisión que tomé de venir a este lugar en este momento.
Mis actos en el planeta me llevaron a un momento y a un espacio particular. Allí vi a uno de los seres más bellos que la humanidad podía tener; me sentí atraído por tí... fue muy difícil lograr una relación que permitiese una convivencia mínima contigo pues a veces las historias de nuestras vidas nos hacen reaccionar de ciertas formas ante ciertas circunstancias que se nos presentan. Pasó mucho tiempo y las cosas mejoraron, tanto tiempo esperando ver tu mirada, esos ojos cafés que me recordaron a esa primer tierra que miré, y en el reflejo de tus ojos me encontré con el agua que reflejó mi primer forma humana. En ti miré a toda la humanidad, esa perfección que no había encontrado, ese equilibrio de defectos y virtudes... le diste la perfección al género humano, ¿o es acaso la perfección y belleza del multiverso hecha ser humano?
Cada vez que estoy a tu lado sueño con pasear mi mirada por tu rostro a millones de kilómetros por segundo, por tu cabello, por tus ojos, por besar tus labios perdiendo la noción de tiempo, espacio, masa y gravedad con ese simple acto, tocar tus manos y tomarte de la cintura para estar más cerca, al punto de fundirnos y ser uno. Mas creo que todo esto pertenece a la dimensión onírica del multiverso, pues el amor implica el riesgo del adios, prefiero matarlo y buscar la posibilidad de estar juntos, en cuerpo y energía por siempre, hasta que este ajedréz cósmico se comprima perdiendo una a una sus finitas casillas. Y mientras eso llega, bailar en la danza estelar solos tú y yo. Unirnos en el abrazo de infinitas gravedades para así detener el tiempo.
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COMENTARIO
Tal vez muchos piensen que este texto es una cosa rara y cursi, sin embargo ha resultado de la reflexión de lo que ha pasado para que yo esté aquí. Comprendo bien que hay material para hacer algo más extenso y estoy en ello porque siento que podría enriquecer más la descripción de los ambientes que aquí narro, e incluso ser más específico en otras cosas. Disculpen si lo último suena cursi.
I
Falso trío que en paloma blanca vas
Con vuelo aletargado hacia el olvido
Por tu vida al hombre culto has pedido
¿Ya olvidaste que nunca perdonabas?
¡Qué lástima que ahora ya no sirvas
por dios que sin ti el mundo es espléndido!
Nunca vuelvas, no serás bienvenido
Decías que amabas, sólo matabas.
Hijo del cielo, horizonte nocturno
Nacido en falso tálamo de invierno
Yaces ahora en medio de dos cruces.
Del mundo el hombre tomó su turno
Y fabricó artefactos del infierno,
Cuando los usó, dios cayó de bruces.
Poema inconcluso
Salí al jardín en búsqueda de preguntas, y al mirar la luna, a la luna morena, vi tu sonrisa que me iluminaba... no hay tempestad en la diáfana oscuridad de la noche, tampoco el gélido abrazo del viento perturba la paz, es tu recuerdo un aliciente para mirar verde el mar, amarillo el cielo y roja la tierra. Tiempo y compás se funden para dar calidez a la memoria.
Tu voz, tus ojos, tus manos, tu cabello, tu olor... fragmentos de girándula que dan forma a tu nombre; y en el estallido de petardo por tu presencia, expandes el gozo como la luz que ilumina los confines del horizonte nocturno, y poco a poco se extinguen; ráfagas fosforescentes y fugaces que son aprehendidas por la eternidad...
Tu voz, tus ojos, tus manos, tu cabello, tu olor... fragmentos de girándula que dan forma a tu nombre; y en el estallido de petardo por tu presencia, expandes el gozo como la luz que ilumina los confines del horizonte nocturno, y poco a poco se extinguen; ráfagas fosforescentes y fugaces que son aprehendidas por la eternidad...
Dardos
Y en la corta razón que la palabra me ofrece, aunado a la memoria, llegué a comprender la posible belleza de compartir nuestras vidas. Mas en tu mirada hallé lo que siempre he encontrado en el Otro y tu voz reivindicó mi temor. Apelo a ella para cambiar la historia.
Has invadido mi pensamiento; el letargo disminuía al meditar otra vez. Tratando de comprenderte, caí en la cuenta de que éramos dos patitos feos. Si de mi dependiera, te daba la condición de bello cisne del lago, ¡pues en “el arroyo” ya lo eres!
En el laberinto de la vida nuestros caminos se bifurcaron. Tu rostro estaba oculto por un antifaz; era obvia tu soledad. Yo venía del desierto y al verte me mire en ti... me dispuse a seguirte, ¿pero por qué no caminar juntos, aunque fuese tan sólo un pequeño tramo de esta encrucijada?
Temo a tu arsenal, pues es más fuerte que una legión de centuriones romanos. Puedo dar batalla, pero prefiero bajar las armas y abrir las puertas de mi Reino, derrumbando con arietes mi muralla. Unamos esfuerzos para que este reino mejore, pues gente como tú es recordada en la eternidad por construir
Has invadido mi pensamiento; el letargo disminuía al meditar otra vez. Tratando de comprenderte, caí en la cuenta de que éramos dos patitos feos. Si de mi dependiera, te daba la condición de bello cisne del lago, ¡pues en “el arroyo” ya lo eres!
En el laberinto de la vida nuestros caminos se bifurcaron. Tu rostro estaba oculto por un antifaz; era obvia tu soledad. Yo venía del desierto y al verte me mire en ti... me dispuse a seguirte, ¿pero por qué no caminar juntos, aunque fuese tan sólo un pequeño tramo de esta encrucijada?
Temo a tu arsenal, pues es más fuerte que una legión de centuriones romanos. Puedo dar batalla, pero prefiero bajar las armas y abrir las puertas de mi Reino, derrumbando con arietes mi muralla. Unamos esfuerzos para que este reino mejore, pues gente como tú es recordada en la eternidad por construir
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Alfonsina,
mayo 12 2008,
Reflexiones
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