viernes, 30 de octubre de 2009

Broma del destino o espejismo de la tierra caliente


Siempre quise escribir algo de periodismo, pero nunca pensé que mi blog literario sería para publicar notas de relativo interés para tan pocos lectores.

Con mi gratitud para Estefanía. Siempre mantendremos contacto.

Hace algunos días, mientras buscaba "algo" en la Internet que me hiciera permanecer en la ciudad para el resto de mis días, me encontré en la página de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México una convocatoria para un diplomado en periodismo científico. Al leer eso, me acordé de mi gran maestro Jorge Pérez y de sus clases de "materiales científicos" de séptimo semestre.

La verdad es que era una buena idea, pues estaba dirigido a periodistas, funcionarios, académicos, estudiantes y pasantes de la carrera. Sin dudarlo, envié los datos que solicitaba la convocatoria para tener la oportunidad de ingresar al mismo. Los datos eran: nombre, sexo, fecha de nacimiento, institución, último grado de estudios, teléfonos, correo electronico y un currículum vitae.

Mientras escribía esos datos, pude imaginarme la exposición de los temas que se incluían en el programas y haciendo una triangulación con mis conocimientos de la materia de nuestro querido maestro Jorge Pérez, aunado con los conocimientos y la férrea disciplina adquirida con Maciel en epistemología e Investigación.

En fin... soñé por un momento aplicando lo aprendido en algún momento. El correo ya está escrito y enviado.

Un par de días han pasado ya; tengo que regresar a la ciudad por libros; no tengo nada que leer aquí en Teloloapan. No quise ir a Chilpancingo porque quise imaginar este pueblito en los años cuando Victoria y Francisco vivieron allí... los imagino tomados de la mano; ella recostando su joven cabeza sobre el hombro del general que lleva un paso firme sobre la calle empedrada; tal vez de él venga mi férrea disciplina.

Son las diez de la noche y no sé el resultado de la convocatoria, tomo mi música a través del ipod porque el regreso será un poco largo. Alejandra me da una cajita y pone café en mi termo que alisté entre mis objetos cuando abandoné la ciudad, me santigua y me acompaña a la puerta. La caminata será larga para llegar al autobús.

Andrés, un primo lejano mira mi partida, y en su auto me alcanza. "Vamos, primo", me dice con voz trémula por el frío. Me subo a su auto y llego a la estación. El único autobús que va a la ciudad sale a las 11:45.

"Toma mi lap y mira que encuentras. ¡Tienes que distraerte un poco y dejar esa tensión". Ingreso a la página y mi nombre no está allí. El silencio invadió por unos minutos el auto, el café se acabó, pero la cajita estaba a la mitad. "voy a comprar un café", le dije con tono serio. "Vamos primo, ánimo. No pasa nada".

Salí del auto, compré un café y me fumé un cigarrillo. Me encontraba golpeado porque ya no hay motivos para permanecer en la ciudad, tendré que ir por mis libros y regresar. El cigarro se disipó en mis labios.

Tomé la cajita para sopearla con el café y le contesté a mi primo. "No pasa nada". El tiempo restante lo pasamos en silencio. Sólo un abrazo fue la relativa despedida que tuvimos Andrés y yo.

En al autobús no pude dormir, y mi coraje me llevó a querer investigar más.

Llegué a la ciudad y no tardé mucho en llegar a casa. Eran las 6 de la mañana y esto que leen fue escrito en el trayecto.

Hábito pernicioso.

Ahora, he llegado y sin más investigué a cada uno de los "aceptados", en realidad no me tomó mucho tiempo llevarlo a cabo. He aquí los resultados:

Nombre Lugar donde trabajan (Breve síntesis)
Alfonso Morales Escobar Coordinador de prensa del grupo de estudios ambientales
Ana Gloria Vázquez Reyes Carlos Septién
Anabell Mariana Fuentes González Colaboradora en publicaciones de la UNAM 400 pequeñas dosis de ciencia entre otras
Andrés Toledo Martínez Trabajó en grupo monitor y es colaborador de expresso Estado de México
Angélica Palacios Luciano Revista Mexicana de Comunicación
Brenda Yuliana Rangel Cerda Sección "universitarios" del periódico "Reforma"
César Octavio Cruz Rodríguez Sin resultado
Dolores García Casillas Agencia Estudiantil de Noticias Universitarias (AUNAM)
Edgar Álvarez Castillo Dirección de Servicio Urbarnos en Tlalpan y jefe departamental de imagen urbana de la misma delegación
Edmundo Gutiérrez Díaz Trabajó para la revista "Buen viaje"
Elsa Selene Robles Flores Trabajó para "El centro" y "El centro semanal"
Emma Lilia Martínez Zacahula No recuerdo para qué medio trabaja
Enrique Mancilla Sandoval Jefe de Información de "Formato 21"
Fabiola Teresita Ramos Baltazar Trabaja en "Oye ciencia" en la estación "Código Radio"
Isaac Torres Cruz Trabaja para "La crónica" en la sección "academia"
Itzel Judith Zúñiga Alaniz Periodista de "El Reforma"
Jesús Alfonso Perea Rodríguez Sin resultado
Jorge Luis Salas Cruz Agencia Estudiantil de Noticias Universitarias (AUNAM) Ciencia
Jorge Xavier López Ramírez Coordinador de informática en la secretaria de obras y servicios del DF
José Antonio Aranda Ruiz Reportero del diario "Uno más uno"
José Armando Ruiz Cruz sin resultado*
Juan Carlos Machorro Morales Colaborador en el periódico "mi ambiente" y en "Teorema Ambiental"
Juan Manuel Ramírez González sin resultado
Karina Hernández Pérez Reportera de "Proyecto 40"
Leonardo Bastida Aguilar Periódico "La jornada"
Leonardo Cortés Chávez Editor de "México Seguro" y subdirector de información en la SSP
Leonardo Peralta Carmona Colaborador en "Razón y palabra" y tenía un cargo en el TEC de Monterrey
Lorena Ríos Alfaro Trabaja para "Uno más uno"
Lucina Melesio Friedman Facultad de Ciencias UNAM
Manuel Torres Ávila JUD de salud del Instituto de Ciencia y Tecnología del DF
Marco Antonio Martínez García Revista "Sociedades Rurales" de la UAM
María de Lourdes Torres Camargo Trabaja para la Academia Mexicana de Ciencias
María del Carmen Arizmendi Camacho Profesora de la carrera de Comunicación y Cultura UACM San Lorenzo Tezonco
Miguel Ángel Vega Trujillo* Pasante de la carrera de Comunicación y Cultura UACM San Lorenzo Tezonco
Miriam Guerrero López Sin Resultados
Miriam Paredes de Jesús Revista Mexicana de Comunicación
Mónica del Pilar Genis Chimal Colaboradora en publicaciones del CONACYT y otras publicaciones
Naixieli Melina Castillo García Programa "In vitro", del Canal Once entre otros
Noemí Rodríguez González Sin Resultados
Nurit Martínez Carballo Reportera de "El Universal"
Pamela Betanzo Ortiz Academia mexicana de las ciencias Redactora de U2000
Raúl Cruz de Jesús Reportero "La crónica de hoy"
Raymundo Pérez Arellano Valles Reportero Multimedios TV monterrey
Rebeca Sánchez Fernández Reportera de IMER y "La jornada"
Ricardo García Jiménez Profesor e Investigador de la Universidad Tecnológica de la Mixteca
Sara Esther Montero Verazaluce Subdirección del Instituto de Ciencia y Tecnología del DF
Sonia Izquierdo Martínez Estudiante de la Universidad del Distrito Federal Campus Condesa
Verónica Díaz Favela Trabaja para Inter Press Service
Verónica S. Garduño González Subdirección del Instituto de Ciencia y Tecnología del DF
Xóchitl Mendoza Becerra El periodico de México y Notimex


De los seis que no encontré me supongo que son estudiantes y pasantes, pero no llego a comprender el porqué de la necesidad de convocar, si al fin y al cabo gente de la UACM y del Instituto de Ciencia y Tecnología del DF iban a estar en su propio diplomado.

En fin, creo que mis referencias en el CV y demás no fueron lo suficiente buenas. Ya será en otra ocasión, Yayito.

*Fe de erratas: Como puede apreciarse en el comentario número tres, se me ha hecho la observación de que se trata de un pasante y no de un profesor. Ofrezco una disculpa a quien pueda sentirse dañado moralmente por este error.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Renazco en la poesía

Sé qué no es lo mejor que he escrito pero es un intento por redimirme hacia el lado correcto.
Alma onírica de inaudito calor,
provienes del verbo, las entrañas,
la sinrazón y el éxtasis;
fuego de vida enaltecida
en palacios y tabernáculos...
por reyes y mendigos.

Honras a la mujer amada;
secreto confeso al mundo
silencio de tumba para ella
y risa pícara del autor.
(Déjame llamarte amada).

Honras al amigo difuso
otrora andanzas de hermanos
son ahora el reflejo funesto
de los caídos en combate.
(Salve, compañero de armas),
y ardid de los traidores.

Honras a la Patria, Patria.
(Cuando era Patria).
Llanto solemne de letras
que dirigen su real alabanza
a las feroces injusticias
que muerden la mano del pueblo.

Llanto solemne de letras
de ver suprimido al oprimido
y por los pilares ostentosos
para el que pueda pagarlos.

Histórica estrella que surcas el cielo
por los puntos cardinales:
De Sumería a América
dejas tu eterna estela por los tiempos
ignorando toda ley de la Física.

Vacilante en las manos y mentes
de aquellos seres que te amaron;
en función dialéctica Creador-creación.
Sucumben en el tiempo,
mas no en la historia;
porque renace en tí
¡bendita poesía! ¡Maldita existencia!

Hoy renazco a través de ti
a pesar de mi mano inexperta
que intenta regresar a tu sendero.
Perdone usted, bella señora
por este osado intento,
pero por vos he de perecer.

En tus manos dejo mi voluntad de vida,
en tu canto pongo a mi madre,
en la fuerza de tu rima: el amor de mi dama,
en tu compás: la bohemia con amigos
y en la rigidez de tu métrica: mi voz a la patria.

¡Qué las letras me bendigan o blasfemen mi epitafio!

viernes, 14 de agosto de 2009

De regreso

Damas y caballeros.

Informo que a partir de la próxima semana este espacio se renovará con todo lo pendiente. Es menester para mi indicarles que debido a los sentimientos, grandes inspiradores que ejercemos este oficio, estoy en calidad para sacar los trabajos que han visto la luz en estos tiempos de oscuridad emotiva e irracional.

Poco a poco actualizaré este espacio.

Muchas gracias y estén pendientes

sábado, 14 de febrero de 2009

Sin título

Puerta eterna, testigo y actor
de la historia más increíble del mundo.
Tres años de pintar el lienzo.
Mano agotada del pintor
que no terminó su obra.
Mujer esférica, ¡claudico!
Arritmia carmesí en la paleta
colorea la partida
en el mural de la vida,
iluminado tan sólo
por la menguante esperanza.

martes, 3 de febrero de 2009

Fragmento del capítulo once de "Biografía anónima"

... y tras la muerte de Sergio, se desarrollaron varios acontecimientos extraños: las abejas africanas que decidieron hacer su colmena en el pino que estaba en la patio; a pesar de la altura inaudita, la colmena se encontraba muy cerca de la habitación donde se encontraba el rudimentario taller de serigrafia. Ello era muy peligroso debido al constante paso humano que tenían que hacer los autómatas de la gran X hacia la bodega donde estaban las cajas, tanto choferes como representantes, también lo era para los trabajadores que allí laboraban, para las niñas que sin saberlo se exponían a las letales picaduras de los insectos, y para Doña Carmen, a quien la vida no le importaba nada después de la pérdida, primero de Alfredo, su hijo, y luego de su esposo. ¿Qué mayor dolor que ese?

Las cosas se movían de su sitio sin un motivo, las apariciones fantasmagóricas que Laura y Mercedes decían ver sobre su padre, las sombras de un señor con un sombrero de ala ancha que siempre se dirigía a una parte específica de la cocina, y que desaparecía a pesar de ser seguida por todas las personas que allí vivían. Rafael y Sergio segundo hacían caso omiso a los comentarios, pensando que era un desvario causado por el fallecimiento de Sergio.

Ante las extrañas evidencias de los acontecimientos inexplicables, decidieron ir con un esotérico para explicarles las circunstancias. De inmediato se presentó al domicilio, y con sólo estar allí, les dio las instrucciones de guardar ua biblia en el armario de Carmen, que rezaran 10 rosarios en nombre del difunto, y que a las tres horas las niñas harían algo que darían las respuestas al clarividente.

Y ocurrió que al final de la jornada laboral, los trabajadores del taller, y los habitantes de la casa decidieron realizar el rezo de los rosarios. Se hizo café y se compró pan blanco. Parecía que de nuevo se celebraba un funeral en casa de los Martínez.

Al final de la petición del clarividente, los trabajadores se fueron a sus casas, y las niñas se quedaron jugando en la sala mientras los habitantes de allí se ayudaron para la limpieza de la habitación que usaron para orar. Todo transcurrió en santa paz.

Ya en la noche, que todos estaban en la cocina mirando el televisor, se acordaron de las profecias hechas por el esotérico y fueron a donde estaban las niñas. Al entrar, Carmen y Laura vieron como había muchas pedazos de papel esparcidos por el suelo de la habitación, se trataba de la biblia que había sido despedazada por las tres.

Mercedes llamó al clarividente para informarle lo ocurrido, y este les explicó que lo que pasaba era que había un portal abierto hacia otra dimensión, alguien de los habitantes había hecho algunos conjuros y maleficios que abrieron ese portal, pero que no pudo cerrar del todo. El clarividente comentó que este portal ya tenía mucho tiempo abierto, y que incluso dio el nombre de quien lo hizo: Maximino. Ante la revelación, todos se quedaron pasmados, pues era el nombre del padre de Sergio.

Las órdenes fueron que se movieran las cosas del lugar, específicamente del taller de serigrafía. Tras un acuerdo con su madre, Sergio segundo decidió reubicarlo cerca del pino. El taller fue destruido para reconstruir la habitación de Carmen. Los trabajadores y familiares decidieron quitar ladrillo por ladrillo, con el fin de economizar en materiales.

El sábado acordado, desde las siete de la mañana, todos estaban allí derrumbando los muros: primero se quitaron las láminas de asbesto, se retiraron puertas y ventanas, y entre todos derrumbaron los ladrillos.

Doña Carmen decidió ayudar a los trabajadores a quitar los ladrillos, así que después de terminar las grandes cazuelas de comida con arroz y mole rojo, se dirigió con un mazo a martillar el muro que daba hacia el almacen de las cajas. A poco menos de haber empezado, se encontró con uno ladrillo hueco, el cual se rompió al primer golpe; todos se quedaron estupefactos ante el su exclamación: "carajo". En el interior se encontraba un paliacate rojo, que tenía tres nudos. Nadie supo el contenido que allí había, Carmen tomó una botellita de gasolina y le prendió fuego. El paliacate se consumió con todo lo que contenía, se redujo a cenizas; no obstante, las cosas extraordinarias seguirían ocurriendo para los Martínez

lunes, 26 de enero de 2009

Sueño primero

Estoy sentado en algún lugar de mi antigua casa, sólo espero verte en este día tan extraño y poco común debido a tu acto de visitarme, claro, de mala gana aceptaste. Es la hora ya, y salgo a sentarme en la acera

Veo cómo te acercas lentamente hacía el zaguán blanco, sé que no me reconoces y veo en tu mirada el enfado; casi como si estuvieras perdiendo tu tiempo, fastidiada y predispuesta a nada, ¿pero cómo aceptaste?

Me levanto y pido que me acompañes, y con un ademán y un gesto de repulsión, aceptas. Entro de nuevo para sacar un par de bicicletas, “espero que sepas”, sin embargo la idea no te agradó, así que tuvimos que ir a pie.

Doblamos en la esquina, caminamos hasta la siguiente y volvemos a doblar a la derecha, cruzamos la avenida y nos detenemos en la esquina, frente a una tienda de pinturas. En el trayecto no dijiste nada, sólo tu cara de enfado, tu mirada de hartazgo y tus labios sellados.

Por extraño que parezca, hay una bicicleta que está recargada en uno de los postes de cemento que sirven como alumbrado por las noches, la tomo y comienzo a usarla, tú sólo me das la espalda y empiezas a caminar de regreso, aunque no sé si vas a mi antigua casa o te marchas simplemente. Bajas de la banqueta, y sin dudarlo, te alcanzo en medio de la avenida.

Tu mirada es rígida, y se enfoca hacia un punto, una pared, quizá. Yo sigo pedaleando, pero lo hago en torno tuyo, imitando el movimiento de traslación. Todo transcurre de forma lenta, sigo girando y comienzo a cantar una canción, que a pesar de sentir pena por no saber cantar, sé que llegaré al final de la letra… tu mirada sigue inmóvil y yo acaricio todo tu ser con la mía.

Empiezo por los pies, sigo girando. Subo a las piernas, sigo avanzando, sigues inmóvil. Miro el perfil de tu cadera, y por detrás llego a tu espalda, por la siniestra llego al perfil de tu cuello, niña inmóvil, ya llegaré a tu rostro.

En el preciso instante veo tu rostro; ya no miras el infinito, tus ojos has cerrado… hay un esbozo de sonrisa en tus labios, sigo girando y no dejo de mirar tu pelo y tu rostro en mis revoluciones que hago en torno a ti. Mi cantar nunca se detuvo tampoco, y en cada giro, veo como envejeces, pero no pierdes tu belleza. Sé que he envejecido también, pero ello no importa.

Mi canción termina y me detengo para terminar al frente tuyo; abres los ojos y es tu mismo rostro de enfado que en un futuro tendrás. Desciendo de la bicicleta para darte un abrazo, te tomo de la mano, y sobre la misma avenida, nos vamos en dirección hacia ninguna parte.

sábado, 17 de enero de 2009

Digte og sange

Holder du af mig,
holder jeg af dig
alle mine levedage;
sommeren var kort,
græsset blegner bort,
kommer med vor leg tilbage.

Hvad du sa' ifjor,
husker jeg iår,
sidder som en fugl i karmen, -
kakker på og slår,
synger lidt og spår
lykke under solevarmen.

Litli-litli-lu,
hører du mig nu,
gutten bagved bjørkehejen?
ordene vil gå,
mørket falder på,
kanske du kan vise vejen.

Sjo - i, sjo - i, hys,
sang jeg om et kys? -
nej, det gjorde jeg vist ikke.
Hørte du det, du?
kom det ej ihu, -
jeg vil lade afbud skikke.

O, godnat, godnat!
drømmen har mig fat,
den om dine milde øjne
og de tause ord,
som af krogen fór, -
o, de vare så forfløjne!

Nu jeg lukker til;
er der mer, du vil?
tonerne tilbage trille,
lokker mig og ler,
vilde du mig mer?
aftnen er så varm og stille.

jueves, 15 de enero de 2009

Año nuevo (Carta de renuncia)

Cada mañana miro por el balcón la salida del sol, allá donde es tu horizonte, tu casa y tu vida; es el Levante quien con sus corrientes cálidas, trae a mi ser el suave rocío de tu aliento.

El astro rey ilumina mi mirada de fría plata, y tu figura la dilata. Noticias aguardo desde lo alto para saber de tu presencia en la tierra, ese camino bifurcado por el eterno instante que me ha regalado la vida.

Metáfora matutina encarnada en mujer, eres todo desde todas las ópticas posibles, flor, lluvia, arco iris, noche, Luz, paz, guerra, risa, llanto, vampiresa, asesina… la conjunción de un segundo multiplicado por la humanidad, eterna, perenne. Trescientos sesenta grados elevados a la tricentésima sexagésima potencia.

Corto lapso ha transcurrido en realidad, sin embargo mi mente divaga en tu ser. Muero cada mañana, y la visión efímera pre póstuma es mi vida contigo: recuerdos duros y tristes, opacados por la felicidad de nuestra frágil y naciente amistad que a veces languidece y otras resurge.

¡Vale la pena morir ésta y todas las albas! Mi ocaso trae a mí las fuerzas para estar otro amanecer allí, de pie en el balcón; admirando tu ingenio solar, tu sonrisa venusina tus labios de ágata, tu aroma a rosas y tu simple figura.

Letras, metáforas e ingenio menguan, mas la solemne e ingenua esperanza me hacen estar allí cada mañana a sabiendas de que no habrá nada nuevo bajo el sol

Sin título

Hace horas que la oscuridad de la noche ha invadido la ciudad, y me encuentro solo ante la catedral, testigo mudo de todos los acontecimientos de la nación, de todas las historias calladas por el ruido del anonimato. Allí sólo ella y yo; y en mi mente divaga el recuerdo de tu mirada, el susurro de tus palabras y la presencia de tu cuerpo al lado del mío.

Es muy tarde ya, y en mis pasos sueño con los momentos que me regalaste en la tarde. No puedo esperar para verte de nuevo… tal vez me atreva a decirte que te amo, tomarte por la cintura, besarte de improviso y sentir tu respiración agitada por la sorpresa en mi rostro. Miro el reloj. No pasará ni un minuto para que las campanas de la catedral repiquen veinticuatro veces, armonizando tu canto que llevo en mi mente, veinticuatro por cada una de las letras que conforman tus nombres y apellidos.

Primera campanada.
(La inicial de tu letra.)

Segunda campanada.
(Tu voz que evoca mi nombre.)

Tercera campanada.
(Tu sonrisa que me ciega.)

Cuarta campanada.
(El abrazo aquél.)

Quinta campanada.
(La fotografía que me espera en el escritorio.)

Sexta campanada.
(Tu rostro frente al mío en el desayuno.)

Séptima campanada.
(El aroma de tu joven piel, impregnada en mi saco.)

Octava campanada.
(Tu canto y mi poesía.)

Novena campanada.
(Tu cara de enfado cuando hago algo que no te gusta.)

Décima campanada.
(No estoy solo… oigo pasos detrás.)

Décima primera campanada
(No voltearé, no dejaré de recordarte.)

Décima segunda campanada.
(Alguien me toma del hombro y me gira.)

Décima tercera campanada.
(Diviso un rostro oscuro por la sombra del sauce que impide el paso de la luz del faro.)

Décima cuarta campanada.
(Siento un golpe en el estómago.)

Décima quinta campanada.
(¿Qué es esto? ¡Sangre!)

Décima sexta campanada.
(Veo la daga que se incrusta en mi cuerpo tres veces más.)

Décima séptima campanada.
(Caigo al suelo y escupo sangre.)

Décima octava campanada.
(Otras dos hendiduras más.)

Décima novena campanada.
(Escucho una voz, pero no le entiendo.)

Vigésima campanada.
(El ladrón me quita el reloj y la billetera.)

Vigésima primera campanada.
(Escucho como huye a toda prisa.)

Vigésima segunda campanada.
(Tendido en el piso, sólo miro las estrellas, absorto.)

Vigésima tercera campanada.
(En mi delirio las estrellas se mueven para formar tu rostro.)

Vigésima cuarta campanada.
(¿Por qué no te dije “te amo”?)

Boceto


He recorrido galaxias enteras buscando un lugar para vivir y de esta forma sentir todo lo que el multiverso me ofrezca, pues en su infinita sabiduría me proporcionará defectos y virtudes que ayudarán a interpretar lo que de él reciba. Estoy ansioso por sentir.

Transito mundos y los veo para hacer de uno de ellos mi morada, ahora estoy por llegar a un punto en el multiverso el cual parace ser propicio para mí. Voy a millones de kilómetros por segundo mirando paisajes de todas las formas y colores posibles, husmeo por los rincones de ellos para apreciar los más íntimos detalles de su conformación. Cuando piso las superficies, tomo las formas y colores que pertenecen al mundo y así adecuarme a sus circunstanciales y particulares atmósferas. He sido verde, rojo, morado, bajo, alto, con uno, dos, tres y cinco ojos, he sido líquido, gas y sólido, con seis brazos y cuatro pies... variante como el multiverso mismo y sus tesoros encerrados en su interminable frontera; omnipotente maravilla capaz de mirarse a sí misma desde todos los ángulos posibles y en todas sus dimensiones que arman la perfecta maquinaria de la vida.

Un planeta más en mi camino, un punto azul extraviado en los confines... bajo a mirarlo y lo encuentro vacío. Es un lugar bello; bajo para descansar mi mirada y mi condición de energía en él; la forma que obtengo es de un ser blanco con dos ojos, dos manos, dos piernas, y un cuerpo que no había tenido en ningún otro planeta. Me encuentro en un lugar verde, el suelo es muy variable y camino por él, estoy en un alto lugar que da hacia un mar, el contraste me hace sentir un tanto melancólico pues no hay nadie, miro para atrás y veo como los pastizales son acariciados por la brisa del viento; allende el mar hay muchos árboles, nubes verdes en medio de un cielo rojo que acompaña al ocaso de su sol, haciendo de ese instante una postal en mi recuerdo, Debo descender, y me dirijo a buscar a alguien en este planeta, llego a otro cuerpo de agua que es menos que un mar; es un buen momento para ver mi reflejo. Mi rostro es hermoso, los ojos que tengo son del color azul que resaltan con la blancura de mi piel, tan blanca como la nieve que hay en los polos de este planeta... pero hay algo raro en mi mirada pues en el reflejo de mis ojos en el agua se refleja mi rostro, extraño sentimiento. El planeta sigue vacío.

La noche cae, y envuelve a todo el horizonte, arriba puedo admirar la belleza del multiverso. El cielo de este planeta tiene sólo un satélite; nueva sensación inédita que me sorprende al improviso después de mirarla estupefacto por no sé cuánto tiempo, acompañada de otras cuerpos celestes. Seguí recorriendo el planeta hasta que me sorprendió el alba. Estaba en otro lugar bastante extraño, era arenoso y estaba completamente vacío, era un oceano amarillo, sólo eso y el cielo azul que con el caminar del tiempo planetario hacía que la temperatura ascendiera de forma estrepitosa. No pude aguantar más, me convertí en energía y salí de allí.

Me encontré de nuevo en otro lugar, al contrario del anterior, este tenía mucha vegetación, su cielo era gris y de él emanaba agua. Tomé mi forma de ser para sentir todo el ambiente que allí había. La tierra se estremeció repentinamente, y comenzó a salir un líquido rojo del centro del planeta; el contraste de colores percibidos me hacía sentir emocionado, las plantas verdes, el cielo gris, el rojo del magma, el olor de la tierra húmeda me conmovieron tras ver ese espectáculo, solo yo. ¡Qué irónica resultaba la contradicción. Estaba rodeado de vida y me sentía solo! La complejidad de los climas del planeta me hablaban, yo, con debida atención, les escuchaba y respondía pero no había con quien recorrer este mosaico tan complejo de planeta.

Me dirigí a uno de los extremos del planeta, y miré el suelo blanco y frío, sólo que ello no me resultó tan molesto como ese oceano amarillo. El cielo de este lugar era totalmente oscuro, pero a diferencia de la noche o la lluvia, despedía en ciertos momentos luces de colores combinados e indefinidos; poco a poco me convencí de que este era el sitio perfecto para vivir, pero no tenía caso si no había con quien compartirlo. Para despedirme de este planeta y seguir en mi búsqueda fui al primer lugar de mi contacto, parado sobre el risco que daba al mar, grité mi gratitud al planeta por existir, y al multiverso por permitirlo, me convertí en energía y seguí en mi búsqueda, pues tanta belleza tenía que ser compartida con alguien más.

Navegué por todo el multiverso y mi convicción de vivir radicaba en ese planeta azul, Sin más me regresé hacia él, pero encontré que ya estaba habitado y tendría que esperar para estar en casa. La espera valía la pena y mientras llegaba me fui al límite del multiverso, y mirar al otro multiverso colindante, allí estuve mirando la frontera preguntándome porqué no podré ir para allá. La voz del multiverso me indicó el momento para ir a casa: le llamaban tierra.

Uha luz me ciega, estoy haciendo unos ruidos extraños... tengo miedo porque no sé qué pasa. Escucho voces pero no entiendo lo que dicen. Mi miedo se disipa al encontrar cobijo en unos brazos que me toman; alcanzo a ver su rostro y parece que ambos esperamos una reacción, el ser sonrie y me siento seguro al ver ese gesto, pero esa seguridad fue pasajera.

El tiempo hace sus estragos, soy más grande, puedo hacer cosas que antes no hacía y puedo ya comunicarme con otros seres. No tengo idea de cuántos somos y de porqué tengo que ir a algo llamado escuela, sólo sé que allí van más personas que estan en cierto rango de mi edad, y somos muy raros porque lloramos, jugamos y no recordamos los males pasados. Los adultos son iguales, jamás entendí porque mi padre gritaba y mi madre lloraba. Tiempo después mi padre desapareció, y tampoco lo entendí.

La razón y la conciencia maduran al pasar de los años; en el tiempo que llevo aquí he vivido muchas emociones, me gustan los placeres pero no siempre puedo llevarlos a cabo. Me siento inquieto porque el mundo que vi no es en el que estoy. Su ubicación en el multiverso en expansión indica que este era el lugar, pero nada es como lo recuerdo. Ya no hay cielo azul, el verde en el suelo es cada vez menos, es gris y muy duro, veo y noto los conflictos que hay para comunicarnos, hablamos muchos idiomas, pero ni hablando el mismo se llega a un entendimiento, a un punto común... admiro la capacidad del humano para crear, y me aterra su capacidad de destrucción. ¿Qué pasó?

Todos creamos un ambiente, nos miramos pero no nos sentimos, decimos ser concientes pero ignoramos la conciencia que el planeta tiene de nosotros. Me da gusto estar vivo, ser, sentir y ser sentido; sin embargo no estoy seguro sobre la decisión que tomé de venir a este lugar en este momento.

Mis actos en el planeta me llevaron a un momento y a un espacio particular. Allí vi a uno de los seres más bellos que la humanidad podía tener; me sentí atraído por tí... fue muy difícil lograr una relación que permitiese una convivencia mínima contigo pues a veces las historias de nuestras vidas nos hacen reaccionar de ciertas formas ante ciertas circunstancias que se nos presentan. Pasó mucho tiempo y las cosas mejoraron, tanto tiempo esperando ver tu mirada, esos ojos cafés que me recordaron a esa primer tierra que miré, y en el reflejo de tus ojos me encontré con el agua que reflejó mi primer forma humana. En ti miré a toda la humanidad, esa perfección que no había encontrado, ese equilibrio de defectos y virtudes... le diste la perfección al género humano, ¿o es acaso la perfección y belleza del multiverso hecha ser humano?

Cada vez que estoy a tu lado sueño con pasear mi mirada por tu rostro a millones de kilómetros por segundo, por tu cabello, por tus ojos, por besar tus labios perdiendo la noción de tiempo, espacio, masa y gravedad con ese simple acto, tocar tus manos y tomarte de la cintura para estar más cerca, al punto de fundirnos y ser uno. Mas creo que todo esto pertenece a la dimensión onírica del multiverso, pues el amor implica el riesgo del adios, prefiero matarlo y buscar la posibilidad de estar juntos, en cuerpo y energía por siempre, hasta que este ajedréz cósmico se comprima perdiendo una a una sus finitas casillas. Y mientras eso llega, bailar en la danza estelar solos tú y yo. Unirnos en el abrazo de infinitas gravedades para así detener el tiempo.
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COMENTARIO

Tal vez muchos piensen que este texto es una cosa rara y cursi, sin embargo ha resultado de la reflexión de lo que ha pasado para que yo esté aquí. Comprendo bien que hay material para hacer algo más extenso y estoy en ello porque siento que podría enriquecer más la descripción de los ambientes que aquí narro, e incluso ser más específico en otras cosas. Disculpen si lo último suena cursi.

I




Falso trío que en paloma blanca vas
Con vuelo aletargado hacia el olvido
Por tu vida al hombre culto has pedido
¿Ya olvidaste que nunca perdonabas?

¡Qué lástima que ahora ya no sirvas
por dios que sin ti el mundo es espléndido!
Nunca vuelvas, no serás bienvenido
Decías que amabas, sólo matabas.

Hijo del cielo, horizonte nocturno
Nacido en falso tálamo de invierno
Yaces ahora en medio de dos cruces.

Del mundo el hombre tomó su turno
Y fabricó artefactos del infierno,
Cuando los usó, dios cayó de bruces.

Poema inconcluso

Salí al jardín en búsqueda de preguntas, y al mirar la luna, a la luna morena, vi tu sonrisa que me iluminaba... no hay tempestad en la diáfana oscuridad de la noche, tampoco el gélido abrazo del viento perturba la paz, es tu recuerdo un aliciente para mirar verde el mar, amarillo el cielo y roja la tierra. Tiempo y compás se funden para dar calidez a la memoria.

Tu voz, tus ojos, tus manos, tu cabello, tu olor... fragmentos de girándula que dan forma a tu nombre; y en el estallido de petardo por tu presencia, expandes el gozo como la luz que ilumina los confines del horizonte nocturno, y poco a poco se extinguen; ráfagas fosforescentes y fugaces que son aprehendidas por la eternidad...

Dardos

Y en la corta razón que la palabra me ofrece, aunado a la memoria, llegué a comprender la posible belleza de compartir nuestras vidas. Mas en tu mirada hallé lo que siempre he encontrado en el Otro y tu voz reivindicó mi temor. Apelo a ella para cambiar la historia.

Has invadido mi pensamiento; el letargo disminuía al meditar otra vez. Tratando de comprenderte, caí en la cuenta de que éramos dos patitos feos. Si de mi dependiera, te daba la condición de bello cisne del lago, ¡pues en “el arroyo” ya lo eres!

En el laberinto de la vida nuestros caminos se bifurcaron. Tu rostro estaba oculto por un antifaz; era obvia tu soledad. Yo venía del desierto y al verte me mire en ti... me dispuse a seguirte, ¿pero por qué no caminar juntos, aunque fuese tan sólo un pequeño tramo de esta encrucijada?

Temo a tu arsenal, pues es más fuerte que una legión de centuriones romanos. Puedo dar batalla, pero prefiero bajar las armas y abrir las puertas de mi Reino, derrumbando con arietes mi muralla. Unamos esfuerzos para que este reino mejore, pues gente como tú es recordada en la eternidad por construir

Luna contigua al ocaso de agosto,
umbral oscuro, incierto, mas ya sabido;
zarzuela flamenca de ardiente deseo.

Alba gélida de fugaz presencia,
loada en infinita paciencia diurna,
funesto es el campo de tu desdén;
olvido por tumba, rosas por clavos;
¡niña celosa! ¿Qué aguardas?
¿será acaso el fin de los tiempos?
Intrígame en tu canto magistral,
nada mejor que extraviarme en él,
amiga mía, eterna en palabra y acto.

Perfidia no es lo que tus ojos leen;
asusta indagar tu sentir y pensar…
zozobra intermitente, perpetua frustración;
ocultan las letras mi mensaje sensato,
sobrada razón en ellas encontrarás.

Vehemente mujer, piel de nieve;
eterna en el recuerdo, viva en el dolor;
levitas liviana por la postrer trinchera,
atacada no eres, mas tus actos hieren
sobre el saqueado templo de Baco;
concilio hoy te imploro
otrora enemiga, ahora musa perdida.

Respuestas a un examen

A la conclusión de la fase preliminar de la tortura, me sometí a varios cuestionamientos. El día de hoy ofrezco la respuestas a tres de ellos. Disculpe usted la ignorancia que estas respuestas guardan en sí mismas, pero la limitación de mi mente fue capaz de responder de esta forma. Lamento la grosería

¿Quién soy?

Tal vez suene muy rara esta respuesta, pero considero que soy un holograma que responde a un nombre y que se encuentra en un contexto dimensional, histórico, cultural, social, geográfico, temporal, ideológico y económico definidos. Digo que soy un holograma porque cuando llegué a este mundo muchas cosas ya estaban y se han modificado a la par de mi existencia, y esas cosas creadas por otros hologramas han permanecido, mientras quienes los edificaron no, entonces considero que estuve, estoy y estaré, y que las cosas que construya puedan permanecer hasta el final de los tiempos (o cuando el universo se comprima), pero yo no; entonces creo que mi existencia es una fugacidad en comparación al tiempo cósmico y que sólo podrá aportar algo al caos-orden en pro del equilibrio del universo y que coexiste con otras formas hologramáticas de mundos paralelos al nuestro. En síntesis, soy un holograma, lo demás fue la justificación de mi respuesta.

¿Qué sé hacer?

Es una buena pregunta, en parte creo que depende de quien pregunte, pues cuando lo hagan ahora que vaya a pedir trabajo no creo que les interese saber que sé escribir sonetos y octavas reales, así que supongo que la libertad relativa que usted me ofrece para responder la pregunta, diré lo siguiente:

Sólo sé relatar, pues a través del relato puedo construir más cosas que le permite a mi existencia una sana convivencia con el nos-otros que convergen su existencia a la par de la mía, y quizás a través del relato que comparta con ellos, pueda nacer el interés para hacer otras cosas y tomar decisiones ante los problemas que nos aquejan, pues gran parte de mis relatos son eso, una muestra de los impactos colaterales que alguien nos da desde una posición de poder que supera a la nuestra.

Mis relatos son esa búsqueda para llegar a un acuerdo común entre una y mil partes para dar solución a algo sin afectar a una mayoría. Doy testimonio, y no soy el único, somos muchos los que como yo damos relatos para mejorar un poco las situaciones de las personas en el mundo, aunque estoy seguro que si yo estuviese en el otro lado del poder, no sería consciente, no relataría nada, y no me importaría lo que los demás hiciesen, pero en la construcción de relatos hay un historial de actos, experiencias y puntos de vista que superan mi visión en el horizonte en el cual me paro día a día. ¿No es acaso parte del compromiso que un escritor tiene con la gente? Por lo cual, concluyo que hago esto y nada a la vez.

¿Qué sé pensar?

Después de escribir esto, supongo que no sé pensar muchas cosas; aún no comprendo la diferencia entre pensar y soñar; me remito a Shakespeare cuando usa a Hamlet para decir que estamos hechos de la materia de los sueños, o a Calderón de la Barca cuando concluye que la vida es un sueño… considero que no sé pensar, sé soñar, y la descripción de los sueños poseen cualidades ilimitadas en comparación al pensamiento, el cual es más racional, concluyo con una frase de mi maestro, Salvador Dalí, cuando esté aseveró que la irracionalidad es creación y los sueños son irracionales. Soy irracional y por eso no pienso, sueño.

El ajedréz de piedra



No ha mucho tiempo que inicié el aprendizaje de tan compleja actividad lúdica, sin embargo, la primer persona con quien lo jugué era aquella dama morena cerca del coloso de mármol. Lo recuerdo bien, era un tablero de madera, barnizada, con cierto olor a pino. Ella decidió jugar con las piezas negras, y sin duda alguna las movilizó al grado de herir de muerte al rey blanco que estaba al frente de la reina morena. El rey sucumbió ante sus encantos, con esa mirada y esa voz, veneno de lujuria. ¡Esa piel! Alfombra de lujuria…

De la muerte de aquél, vino la resurrección, seis años después de haber sido enterrado bajo aquella suntuosa lápida que el olvido da a quien absorbe en sus entrañas de color sangre y arena. De nuevo veía las falaces sonrisas de los contemporáneos; los gritos suicidas por vida incrédula que exigían la galante entrada de la indiferencia y mezquindad que procede del narcótico visual de las apariencias. Miradas blancas oscurecidas por la brillantez nítida de la personalidad, royendo el morbo en los cuerpos decapitados de dioses, ninfas y deseos.

El levante del rey fue la apoteosis a la incredulidad de la sinrazón. ¿Por qué no descansé eternamente en los placeres líricos? ¿Por qué la vida debe de continuar? Esas fueron mis primeras palabras al ver el torbellino catastrófico de la inmundicia mundana de la inhumanidad humana, de la razón, de la praxis, de la existencia privatizada por capitales líquidos.

Me aterró ver la escena descrita por Quevedo, sin embargo, me dirigí a tomar venganza de mi muerte; sin embargo, aquella lejana reina se aseguró con mi olvidó, pues jamás le volví a ver, a menos que no fuese en el vértigo causado por el rayo de lucidez que me quemaba con aquella falsa sonrisa, aquella mirada, aquel olor a quenopodio.

Entre los objetos acompañantes para mi vida futura, alguien dejó un tablero de ajedréz, era de mármol y amatista. La base de las piezas era de lapislázuli. Su extensión no era muy grande, oscilaba entre el codo, y su peso no pasaba de una arroba. Era brillante como el material del que estaba hecho Rueda, y al mirar el tablero con las piezas, miré mi rostro multiplicado por treinta y siete veces. Treinta y siete escupitajos de realidad recién desenvuelta, treinta y siete sustos y suspiros.

Me levanté y me vestí con el traje de la incertidumbre, de la apatía que llevo en mi silencio al negarme rotundamente a vomitar conocimiento, a arengar con el culto, y así me dispuse, con este disfraz, a mezclarme con el mundo.

Tras jugar mi papel en este funesto escenario, que no era el que debía ser según la prognosis de la década de los ochenta, encontré un compañero de juego, un rival quizá, que irrumpiría en la tranquilidad de mezquita cercana a la costa, para iniciar una cruzada, sólo que se trataba de una batalla entre blancos. ¡Adiós al apartheid!

Sus encantadores movimientos de ser petrificado me sedujeron, y por poco caí en la trampa, por eso es que moví mis peones para cubrir mi vanguardia. Ella no tardó en mover a su caballería de insultos y descortesías, pero la torre de mi quietud neutralizó los embates de toro. Prosiguió su ofensiva moviendo con sus cantos de estrella de pop a los prelados, y así venció a la caballería de mis caballerosos actos.


Le dejé que destrozara mis peones uno a uno, sin embargo, mis alfiles alférez de la mente humana le hicieron una grave herida. Toma tus piezas y comienza, le recité en poemas, versos y rosas, sin embargo, su orgullo fue tal que decidió seguir así. Me recuperé un poco, gracias a la torre de la irracionalidad babélica que logró, creo yo, confundir su defensa, pero admito que nunca estuvo a merced de mis ataques, y yo en más de una ocasión pude caer, pero tal vez su inexperiencia, o su compasión, le hicieron dimitir el jaque mate de sus labios de ágata.

Al final, quedaron la torre de su orgullo, un alfil que caminaba tan indiferente como ella, ambos encerrados en soberbia, su reina, y el rey, contra mis torres de paz, mi reina, y mi rey. Estaba a punto de claudicar cuando vi la oportunidad de noquear a su alfil, su reina asesinó, a sangre fría, una de mis torres. El rey se guareció en la torre restante, después de eso mi reina mató a su torre y viceversa… los reyes quedaban a merced de sí mismos, y por voluntad real, fue menester de su excelencia moverse vacilante en el tablero, ambos jugamos, y de pronto la habitación oscura se llenó de bruma, y en el ajedréz éramos sólo los dos, ella contra mí y yo con ella. Mi voluntad era correr a abrazarle, en señal de gratitud por tan buena partida, desobedeciendo así las leyes del juego, pero sé que poseía algo que podría dar de nuevo muerte a mi ser, por eso no corrí.

Me levanté, y decidí dejarle mi tablero. Ella me sedujo con sus cortas palabras para seguir jugando, pero al verme en el tablero me di cuenta que el jugador era un juguete; eso me llenó de pánico escénico, y decidí retirarme con el empate. Insistió, me inquirió, me llamó cobarde, y seguí moviendo mi rey sabiendo que ya no podríamos causarnos más alegrías y daños. Se convirtió en una rutina, y al final me cansé de jugar.

No han pasado las eras en vano, pero aún así aprendí que en el empate, con sabor a derrota, fue posible aprender más, e incorporar así algo más al pesado y tortuoso cúmulo de experiencias. Las eras me han ayudado a olvidar el gélido beso del monstruo perverso de piedra, su voz, y su diminuto ser que paseaba a su rey sólo para divertirse...

Y en el futuro que hoy es presente, y que al evocarlo en palabras es pasado, encontré lo que tan ansiadamente busqué en la humanidad, ese pequeño hueco que tapia mi vida de los malestares de los seres de piedra, el rey no está muerto, ni en su mirada se posa el Apocalipsis. No reinará para conquistar por medio de la violencia.


El ser de piedra se quedará petrificado para la eternidad, idolatrando a seres que existen, pero que no son más que una mera apariencia pasajera, pero piedra y rey estarán como prisioneros del tiempo que va, como pasajeros de la eternidad; la quintaesencia de la indiferencia.

El gato y la mariposa


No ha pasado mucho tiempo desde que conocí a Lucía, una chica que llegó como un oasis a mi desértico panorama invadido por la indiferencia de la condición humana en un sistema posmoderno, y cuya manifestación en el salón de clases se demuestra en la apatía, en el bajo desempeño de los compañeros y en la pésima calidad de sus trabajos, pero parecen ser felices con su ignorancia… este es el estado del vacío.


Ella manifiesta una gran brillantez al interior de mi aula, y noto cómo sus formas de responder a mis interrogantes son esquivas, casi como no queriendo hacerlo, pero conciente del silencio que invade el aula cuando pregunto el porqué de las cosas. Parece taciturna, no ríe ni sonríe, no se junta con nadie… me recuerda a mis tiempos de estudiante y no pude evitar el remembrar mis actitudes, pero qué más da mi vida, cuando lo único que me importaba era equilibrar, de alguna forma, sus expectativas cognoscitivas y afectivas, pues el saber por la soberbia conduce a la soledad. ¿Tiene sentido la trascendencia histórica en la humanidad post mortem a cambio de una vida llena de reprimendas y evitarse las maravillosas virtudes que trae consigo el conocer las experiencias de quienes nos rodean?

Mi ética como docente me impedía meterme mucho en la vida de Lucía. A pesar de ello le di muchas referencias bibliográficas que le permitirían auto ayudarse como persona; intenté relacionarla con el grupo mediante la elaboración de trabajos en equipo. Estratégicamente le mandé con dos alumnos cuyo desempeño, (e indiferencia) eran elevados, me interesaba saber cómo haría una exposición sobre el modelo artístico de la paranoia crítica con ellos.

Fue una sorpresa el resultado, pues hizo una escenificación de una persona esquizofrénica que actuaba en el teatro, pero cuya obsesión logró que sus relaciones se fraguaran como una obra, al grado que su vida era eso: una obra de teatro y el resto del mundo la hacía de veces como el antagónico y otras como lo secundario. Fue una obra bastante interesante.

Al evaluar el desempeño pregunté la forma en que se había formulado esta exhibición, a lo que respondió que todo había sido obra suya, y que el resto se encargó de memorizar el libreto. No pregunté más y las exposiciones siguieron.

El año escolar había terminado y fue momento de entregar las evaluaciones. El protocolo que siempre he usado es el de enfrentar al alumno cara a cara y que justifique su evaluación de una forma ética y conciente de sus actos a lo largo del curso, pasaron todos ante mi, pero en el momento en el que le tocaba a Lucia, no entró, fue hasta el final cuando hizo acto de presencia.

--Perdone, profesor, pero comencé a ver manchas negras y fui al servicio médico. —dijo con un tono preocupado.
--No hay problema, ¿pero a qué se debe tu somatización? –Respondí.
--Tengo un poco de miedo por mi evaluación.
--¿Y por qué?
--Siento que no hice un buen curso con usted.
--¿Tan perfeccionista eres?
--Sí.
--¿Y a qué se debe esa búsqueda de la perfección en tu vida?
--Por qué tengo qué hacerlo, me presionan mucho en casa
--No hay porqué preocuparse, Lucía, tienes el puntaje más alto, si a eso te refieres. ¿Qué te lleva a esa frivolidad de tus respuestas?
--¿Qué esperaba cuando uno ha sido por quince años el patito feo?
--¿Qué te presiona?
--Mi padre… un eminente cardiólogo que luchó en contra de que estuviera aquí, frustrado de que sea su segunda hija y no haya seguido sus pasos.

Dicho esto, noté cómo bajó su rostro y miré como una lágrima jugueteaba en sus ojos protegidos por unos lentes de mica gruesa. No quise seguir preguntando pues comprendo las dificultades que estaba viviendo en ese momento.

--Puedes retirarte.
--Gracias.

Las vacaciones llegaron y con ellas el duro invierno se manifestaba con una furia colosal sobre la ciudad cubierta de nieve. Tapiado en mi casa no podía quitarme de la cabeza a Lucía, pues quería saber cómo se encontraba en estas fechas que tienden a ser duras para una persona cuyas relaciones familiares y sociales no son buenas, pero no pude rastrearla, tendría que esperar hasta el reinicio de las clases.

Veinticuatro de diciembre llegó, y había invitado a mi compañero de armas en el colegio, y colega docente del mismo instituto, Erick, a pasar el momento previo a nuestras respectivas hipocresías familiares. No pude evitar el contarle la experiencia con Lucia, y al final de mi relato me preguntó:

--¿Y por qué te preocupas por ella y no por el resto de tus antiguos ex alumnos?
-- Porque nadie manifestó tener conflictos en su núcleo familiar, salvo ella, además de que poco les importaba la vida… son felices con sus vidas así como están… ¿Tú no tuviste alguna simpatía por algún alumno en el estricto sentido cultural y saber las potencialidades ocultas que tienen? ¿Recuerdas que a más de un profesor llamamos “amigo” y que siempre nos apoyaba en todos los sentidos al grado de que, a pesar del pasar de los años, seguimos llamándoles “amigo”?
--¿Pretendes su amistad?
--Esas cosas se dan, pero me preocupa más que su creatividad se vaya al vacío, pues su relación con el mundo no es buena y eso le puede impedir muchas cosas que pueden generar frustraciones… además la vida es demasiado pesada como para vivirla angustiado. Comprendo que no me puedo meter en su vida, pero tal vez el mundo le niegue posibilidades por su soberbia, mi misión sería comprender un poco su mundo y hacerle entrar en razón, de que la indiferencia, el orgullo y su soberbia erudita no le llevarán a nada bueno. ¿Recuerdas cómo era yo y cómo intervino el profesor Manuel cuando...?
--Sí, entiendo perfectamente.

La reunión terminó, y con un asombroso y estoico esfuerzo, me presenté en casa de los familiares a los que nunca veo. Gente ignota y hologramática a la cual no entiendo. Sin más pormenores, estaba ya de vuelta en el instituto en el “primer” día de clases.

Pasaron dos semanas para encontrar a Lucía de vuelta por la escuela, se pasó de largo y no saludó, fui yo quien le llamó, pero la charla fue casi nula, pues su molestia, estado natural, lo impidió. Su saludo fue muy esquivo y parecía que no tenía ganas de conversar, así que le dejé en paz.

Días después tuve que salir a recoger al aeropuerto a unos colegas que venían de Buenos Aires, así que aproveché para darles un tour express. Fue inevitable visitar el centro de la ciudad, y allí miré un libro que me había dado mi profesor, y amigo, Manuel, a leer, se llamaba “Colección de Fábulas” escrito por Hernando de Benavente, lo compré con la intención de dárselo a Lucía e indicarle que leyera “El gato y la Mariposa”, pues tal vez podría ayudarle a re-pensarse en-el-mundo y con-el-mundo.

Varios intentos realicé para hablar con ella, siempre le veía caminando de forma rápida, con la cabeza siempre mirando hacia el suelo, y abriéndose paso entre la multitud a base de empujones y mamporros. Una vez corrí el riesgo de caminar junto a ella con la intención de saber de ella:

--Hola Lucia, ¿cómo estás?
--¡Estoy!
--¿Y cómo te sientes?
--Me siento.
--¿Por qué eres así? ¿Acaso te he hecho algo?
--No
--¿Te pasa algo? ¿Hay algo que pueda hacer por vos?
--No hay nada que el tiempo no pueda solucionar
--¿Por qué eres así?—Insistí
--Es un mecanismo de defensa para que no me dañen
--¿Y no te dañas al alejarte de la gente? Si sirve de algo, te doy mi palabra que no pretendo algo malo contigo. Comprendo que en tu vida te han dañado y de alguna forma me identifico contigo… trato de entenderte pero no sé porqué alejas a la gente que cree en ti y que intenta alegrar un poco tu día. ¿Y tus amigos?
--No tengo, no hay amigos… y mucho menos tengo novios.
--La gente sólo quiere conocerte
--Ni siquiera mis padres me conocen, sólo mi hermana y eso me basta.

Seguía caminando al lado de ella, ya no quise decirle más, pues noté su molestia… era una lástima que una gran alumna llegara a cerrarse de una forma tan hermética y cometiera un sin fin de contradicciones en conversaciones posteriores que no tiene caso mencionar, pues la memoria de este viejo ya es mala.

Esperé al “final” de ese periodo y recuerdo que le busqué, y al verla le dije:
--¿Me regalas un minuto?
--No.
--Sólo es un minuto, tengo algo para ti
--Está bien.
--Te quiero dar este libro. –Expresé mientras lo sacaba de mi viejo portafolio. --Sé que te gustará. Y aprovecho para decirte que ya no te molestaré más. Carpe Diem Lucía… menudo uso de la razón que hace, pensé.

Ella me miró a los ojos con extrañeza, mientras yo le daba una palmada en su hombro izquierdo, y después me retiré. No hubo un agradecimiento, así como tampoco resentimiento por ello.

Pasaron los años y traté a centenares de alumnos cuyas brechas generacionales eran muy diversas y complejas que me llevaron a replantear mis estrategias docentes muchas veces, y me encontré con muchas personas como Lucía. Al principio puse el mismo empeño que a ella, pero caí en la cuenta con los años que en mi inexperiencia docente pretendía luchar contra algo que no podía, contra la indiferencia, contra el hedonismo, contra el orgullo… contra el vacío. Mi lucha fue en vano, así que dejé de hacerlo.

Tuve efímeras amistades que buscaban ayuda, pero que no ofrecían nada. No pude seguir con el ejemplo de mis fallecidos amigos-docentes, con los que compartí varias charlas encarnizadas, las viandas, el vino y la vida. Sólo restábamos Erick y yo, los últimos bastiones de aquel instituto en decadencia… envejecidos, sin fuerzas y sin ánimos de luchar en contra de la vorágine.

Después de nuestra salida del instituto, Erick y yo nos reuníamos en una vieja cafetería todos los sábados, desde el alba hasta el ocaso, a disputarnos la supremacía lúdica que conlleva el ajedrez, el billar y el dominó, recordando los viejos tiempos con Manuel, Víctor, Luis, y Jaime hablando de teorías, del mundo, de la sociedad… y esperando a mi amigo, una mujer se acercó preguntándome si era quien era.

--Ya no sé si soy yo, pero depende de quien le busqué
--Soy Lucía, y tengo para usted.
--No sé si quiera recibirlo. —Dije con tono indiferente.
--¿Por qué me vigilas con esa mirada inquisitiva?
Es que tu vuelo me hipnotiza
Aléjate de mí, pues temo que dañes mi belleza y mi integridad.
No puedo, porque a mis pupilas no escapa tu colorido, no podré ignorarte
Déjame sola.
No te quiero dañar, al contrario, quisiera seguirte en tu vuelo vacilante.
¿Qué es lo que buscas?
A ti te busco, eres el ser más bello que he visto.
Eso ya lo sé.
Y si lo sabes ¿por qué escondes tu belleza?
Porque es sólo mía y de nadie más.
Vaya que vuelas alto, ¿cómo te muestro que no te dañaré?
Yéndote de aquí.
Si esa es la forma, así lo haré.
Y el gato se retiró, la mariposa voló, pero una vez, siendo acechada por un niño mientras ella pululaba en un páramo jardín público; pidió auxilio. Y el gato al escucharla corrió a ayudarle. Le tomó por el hocico mientras el infante se disponía a pisarla. Un maullido estrepitoso hizo que la mariposa volara otra vez hacia su libertad, y el gato corrió lo más que pudo en dirección contraria. La mariposa lo encontró sollozando en un callejón y le dijo:

¿Estás bien? ¿Por qué corriste a defenderme?
Estoy bien, pero me duele mi cola… y lo hice porque eres el ser más bello que he visto y no merecías morir así. El que no te comprendan no implica que te quieran dañar.

Tiempo después, se le veía al gato en la copa de un sauce, siempre junto a la mariposa.

Y dime amiga ¿cómo es el mundo visto cuando aleteas coquetamente en el viento?
No hay mucha diferencia entre lo que yo veo y lo que tu vez, amigo

Hernando de Benavente. –Concluyó Lucía mientras esbozaba una sonrisa.

Me sorprendió que recitara de memoria la última parte de la fábula de Benavente, pero que podía esperar de una persona cuyas capacidades de memorizar guiones teatrales era magistral.

--Gracias. –Le dije.
--No, gracias a usted, maestro. Tal vez en aquellos años me cerré muchas posibilidades, pero su libro me ayudó a confiar en mí misma y comprendí tardíamente lo que me decía.
--Un viejo sociólogo decía que la piedra angular de la civilización era la afectividad, si te sientes querido, y si te quieres a ti mismo, tu desempeño en todo lo que hagas será óptimo.
--Siempre con sus citas, ya debo irme, espero que me disculpe por los errores del pasado
--¿Debo perdonarte por ser tú?
--¿Lo veré de nuevo?
--Sí. —Respondí con melancolía, sabiendo que le mentía
--Hasta luego, profesor.
--Hasta siempre, Lucía.

Y se retiró, pero quien nunca llegó a la cita fue mi amigo Erick.

Benaventástico

La guadaña de la luna ha cercenado el último halo de la luz diurna, y las estrellas que atestiguaron la masacre, se burlan una a una, plasmando la brillantez de su malévola sonrisa en el oscuro lienzo de la noche, que es cama y cobija de los ignotos monstruos fornicadores del alma; no existe nombre ni apellido, sólo el frenesí desmedido al que se entregan. No importa el rostro, sólo buscan la satisfacción de sus más animalescos instintos… o pulsiones.

Tras la oscuridad, sólo me queda tapiarme en ese amor intermitente de tu ser, en el recuerdo de lo que un día fuiste, y si me es posible, guarecerme en el búnker que sólo la privacidad ofrece, acompañado por mil luciérnagas que se encienden y se apagan al pasar por mis labios sedientos de justicia y libertad, y en cuyo vuelo me veo extraviado en un torrente interminable de sílabas y vocales que forman tu nombre por centenares. Eterna quemadura de un fugaz relámpago del recuerdo.

De la obsesión pasé al sueño, en donde puedo construir con libertad y romper con la estética imperante de la belleza: mi mundo, es pues, una ínsula cubierta de millones de granitos de arena piramidales. Por sol, un cubo verde en cuyo centro está un ojo, que a veces se le ve llorar, otras, está cerrado, pues no quiere mirar las atrocidades del otro mundo que llega a trastocar al mío. A veces se le ve sereno, otras, cuando la calma está presente, simplemente descansa, pero siempre está allí, eterno guía y vigilante del mundo futuro

Por cielo tengo una hojarasca perpetua, y por mar, el carmesí de sus labios, en el cual, siempre busco la ambrosía que me llevará a la divinal magia de su real presencia, mas el consuelo es su suave beso sobre el peñasco de la incertidumbre, que me refresca con una suave brisa, además de mantenerme ocupado mientras pienso en la forma de llegar allí ¿a dónde? A la tierra prometida, allá a donde debo llegar a costa de abandonarlo todo y abandonarme.

Postrado en el letargo, infinito lapso, me pienso en ese lugar al cual llegaré. Mientras tanto, una solitaria lágrima vacilante se desliza hábilmente por mi mejilla tiznada por el polvo de las ruinas de mis sueños, derrumbados por el cañón de la sinrazón, saqueados y ultrajados por los más pérfidos personajes de la historia de una vida no histórica, mas bien histriónica, para todos aquellos con los que compartí un trocito de ingenua intimidad. Ellos destruyeron mis sueños, menos aquél de llegar a la tierra paradisíaca… la voluntad y el viento secaron mi lágrima.

Tendido en la arena, comencé a hacer letras, formando palabras sin sentido, pues aquí nada importa. La lógica seguía extraviada cuando una espesa niebla oscureció súbitamente mi santuario, y por la costa llegaba una galera, un bergantín y un galeón, de este último bajó el padre, vestido de magenta, detrás de él, el hijo, con oscuros ropajes, y de los otros dos navíos, una interminable tropa de seguidores, aduladores y oportunistas que obedecían sus órdenes; una legión que lo destrozó todo. Al ver el saqueo, opté por entregarme, pues no valía la destrucción de mi último y único rincón.

Padre e hijo no dijeron palabra alguna, el primero disparó un arpón hacia mi sol y le dio a la distraída pupila del ojo, y el hijo se dirigía a occidente, contento porque a pesar de haber destruido mi más preciado tesoro, me alejaba de lo poco que me mantenía vivo. Ya no había hojarasca, sólo caían los putrefactos cuerpos de los santos del cielo, y bajo esa dantesca imagen, me condujeron a un punto en el mar, y fui arrojado a un remolino que me absorbió, el cual me empujó de nuevo al mundo del cual me había fugado. El vortex se selló para siempre.

El alba despuntaba, un violín lloraba, un piano se estremecía nota a nota y una guitarra se moría en un cantar absurdo, ya no hay escondites ni convites. Es hora de la eterna guerra con el espejo, con el otro y contra uno mismo, confirmándose así las fronteras de la existencia, la belleza y el poder; es hora de regresar al mundo del aprendizaje y no al del análisis crítico, de vuelta al mundo de la burocracia y la ignominia que se ahoga en la apatía unánime de la humanidad… esa pseudo utopía que la humanidad construyó para sí misma.

La hora de irse ha llegado, y en trono de la sabiduría se encuentran padre e hijo confabulando en contra de otro como yo ¿quién o qué soy yo? En veintitantos años jamás he podido responderme ¿qué me confiere usted en el acontecer diario? ¿Nada? Entonces eso es lo que soy, pero sólo para usted, amable enemigo, indiferente compañero en la masa, el espacio y el tiempo.

Hernando de Benavente